21 DE ABRIL · LA MEJOR MEDICINA

“Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron; e hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto.” Lucas 10:30.

Una de las mejores descripciones de cómo se encuentran aquellos que han vivido distanciados de Dios, lo encontramos en este pasaje. Donde el adversario a quien el mismo Señor lo llamo el ladrón que viene a hurtar, matar y destruir. Y todo aquel que ha caído en las garras de él, el adversario lo deja como el hombre de esta parábola; lo despoja de todo lo que este a conquistado en un solo instante, le roba todo lo que este tiene, incluyendo su misma fe. Y lo deja medio muerto, o sea con un poco de luz.

Uno de los momentos más críticos para el ser humano es cuando es herido. Cuando una persona sufre una herida inmediatamente requiere que se le ponga un antiséptico para que no entre infección, porque si la infección entra va creciendo. En el área emocional o espiritual sucede lo mismo.

Así como en lo natural cuando entra una infección debido a alguna herida física; de la misma manera sucede en lo emocional. Cuando alguien es traicionado, o afrentado por aquellos que mas decían amarlo, se abre una herida y la infección viene a través de espíritus que forman parte del reino de la tinieblas, y estos son seres reales que pertenecen al reino espiritual de las tinieblas, y hacen que el odio, amargura, culpabilidad o la sed de venganza, ejerzan control sobre la personalidad de aquellos que nos han entendido el poder del perdón.

Sabemos que Satanás a quien el Señor le da el calificativo de ladrón, diciendo: “El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.” (Juan 10:10).

Cuando Dios nos creó, nos hizo seres integrales: Espíritu, alma y cuerpo. En la parte de nuestra alma están concentradas las emociones, los sentimientos, los pensamientos y la voluntad. Lo que más ataca el adversario es el alma para herirla y destruir la parte interna. Dios a cada persona le dio una estima propia que es una riqueza, un tesoro, y lo que más procura el enemigo, es tocar la estima propia, y la toca a través de aquellos que más dicen que te aman.

No obstante siempre el Señor tiene una luz de esperanza para aquellos que se sienten desprotegidos y es a través de Jesús quien es representado en el buen Samaritano. “y viéndole, fue movido a misericordia; y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él. Otro día al partir, sacó dos denarios, y los dio al mesonero, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que gastes de más, yo te lo pagaré cuando regrese.” (Lucas 10:33b-35).

El aceite es un prototipo del Espíritu Santo, y el vino es la representación de la sangre de Jesús que por nosotros fue derramada. Si usted se encuentra identificado con esta situación quiero decirle que este es el día de su sanidad y de su milagro.