15 DE ABRIL · MEDICINA EFICAZ

Algo que me impresiona es conocer casos de personas que cuando niños tenían un corazón sano, puro e inocente, pero con el paso del tiempo se volvieron toscos, resentidos y amargados; dejando que el odio fuese el alimento para la ira y la venganza. Sin entender que la única medicina para el corazón herido es el perdón, el cual rompe las cadenas del resentimiento, derriba las fuertes murallas de la venganza y abre las puertas hacia el perdón.

Es interesante que aquel que ofrendó Su vida por nuestra redención, sin tomar en cuenta nuestros pecados, luego nos dice: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.” (Apocalipsis 3:20)

Nadie está exento de pecar, ni siquiera aquel que tenía un corazón conforme al corazón de Dios. Aunque David se arrepintió, luego hace una descripción de lo que fueron esos momentos mientras el pecado permaneció como huésped silencioso en su corazón. Pero después de su confesión sincera y su genuino arrepentimiento, sintió que el río volvió a su cause y pudo expresar: “Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado” (Salmos 32:1).

Creo que nada se compara con el saber que todas sus deudas fueron canceladas sin quedar ninguna pendiente por cobrar, y esto fue posible por causa del arrepentimiento. El mismo David luego de haber pasado ese trago amargo que le produjo su pecado y después de recibir el perdón y obtener la restauración plena de parte de Dios, pudo hacer un balance de lo que fue ese momento en el que él se mantuvo distante de Dios.

“Mientras callé, se envejecieron mis huesos.” Muchos no alcanzan a entender que el pecado es una puerta abierta a un poder demoniaco que afecta la salud; David reconoció que la artritis lo estaba controlando, y él se sentía impotente frente a ella. Además su área emocional descendió hasta el nivel mas bajo; donde sentía que no podía disfrutar de paz ni por un solo instante. En mi gemir todo el día. Porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano.

En la noche anhelaba que fuera de día y en el día deseaba que fuera de noche. Ese espíritu de culpa le perseguía en cada instante. Y mas asombrado quedó cuando vio que toda la prosperidad que había conquistado por años, en un solo instante se le escapa como agua entre las manos. Y fue cuando entendió que la única solución era el arrepentimiento.

“Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová; Y tú perdonaste la maldad de mi pecado.” (Salmos 32:5). Como podemos ver David no hizo una simple oración, el sabía que estaba ante el juez del universo, y tenía que hacer una apelación argumentada, para obtener el favor de su juez; en su confesión, declaró de una manera detallada el por qué había procedido de esa manera. Y en su suplica pidiendo perdón le dijo: “Purifícame con hisopo, y seré limpio; Lávame, y seré más blanco que la nieve.” (Salmos 51:7). Lo mismo que se usó en la pascua para proteger a los primogénitos; que es un prototipo de la sangre de Jesús; fue lo que movió el corazón de Dios para extenderle su perdón.