3 DE SEPTIEMBRE · MEDICINA PARA EL ALMA

Las heridas del corazón son tan profundas que ni el tiempo puede borrarlas. Por lo general, están tan arraigadas en lo íntimo de la persona que, en muchas ocasiones, la memoria no las percibe y su dolor supera al dolor físico.

Las heridas más profundas que puede padecer el ser humano se han centrado en el alma. Cuando Dios diseñó al hombre, lo hizo de tal modo que pudiera ser amado, sentirse amado y a la vez dar amor.

Muchas heridas se producen en la niñez, tales como falta de afecto familiar, carencia de amor, estímulo y reconocimiento. Dejan un gran vacío en el corazón y, aunque pasen los años, esa sensación de carencia persiste. Es entonces cuando se intenta llenar el hueco con cosas secundarias e incurriendo en graves pecados. Muchos llegan al matrimonio en estas condiciones, creyendo que vivir con otra persona los hará olvidarse de todo lo que sufrieron de niños; lo único que logran es ahondar el dolor. Puedo decir que las heridas del espíritu van más allá de la memoria, son más profundas que las que puedan ocasionarse en la mente consciente. En la mayoría de los casos, pareciera que ni siquiera las registráramos porque tal vez, cuando sucedieron, éramos demasiado pequeños como para que ahora las recordemos.

Las heridas del corazón son tan profundas que ni el tiempo puede borrarlas. Por lo general, están tan arraigadas en lo íntimo del ser que en muchas ocasiones la memoria no las percibe. Son más fuertes que las heridas físicas. Es probable que usted haya escuchado la expresión: “Lo que me dijo, me dolió más que si me hubiera golpeado”.

Sabemos que la esencia del hombre es espíritu, alma y cuerpo, es decir, que es un ser tripartito. En el alma se encuentran la mente, las emociones y la voluntad.

La mente nos hace conscientes del mundo que nos rodea a través de cómo procesa la información. Las emociones dan sabor a la vida. Si las emociones se ven afectadas, se convertirán en el mayor martirio de la persona. La voluntad es la que tiene la última palabra. Por ejemplo, cuando alguien oye la Palabra de Dios, el mensaje llega a su mente donde se procesa la información.

Luego pasa a los sentimientos, donde encuentra diferentes tipos de reacción. Pero la decisión final la toma la voluntad, puede ser a favor o en contra. Dios respeta tanto la voluntad que jamás interferirá en la decisión que usted tome. Dios quiere asegurarse de que cada persona que le sigue, lo haga de corazón, no por interés ni obligación. Dios no quiere llenar Su Reino de autómatas, sino de personas libres que le amen y le sirvan con todas sus fuerzas, con su deseo. Recuerde la mejor medicina para un corazón herido es el perdón.