19 DE JUNIO · MAS QUE VENCEDORES

La manera como el Profeta Elías incursiona en su ministerio fue algo inusual. Se presenta de una manera intempestiva ante el malvado rey Acab, y simplemente dio un decreto: “… no habrá lluvia ni rocío en estos años, sino por mi palabra.” Dios había preparado al profeta Elías, para ejercer su ministerio en el periodo de la mas grande apostasía en el pueblo de Israel.

Después de tres años y medio de sequía, Elías se presenta de nuevo ante el rey Acab y lo reta a que él, con sus cuatrocientos profetas de Baal demuestre si en verdad Baal es Dios; y él como el único profeta de Jehová, les demostraría que Jehová es el Dios verdadero.

Debemos entender que estamos en guerra abierta contra fuerzas de maldad en las regiones celestes. No peleamos contra personas, sino contra seres espirituales que en un principio habían saboreado el árbol de la vida, pero que por causa de la desobediencia, fueron arrojados del Reino de Dios. Estos seres perdieron su dignidad, autoridad y todo lo que Dios les había dado, convirtiéndose en horripilantes demonios cuyo mayor refrigerio es hallar un cuerpo que les permita descansar en él. Pablo escribió: “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Efesios 6:12).

Todo conflicto es espiritual y con seres espirituales, por lo tanto, debemos actuar con armas espirituales. Los enemigos del hombre no son sus familiares, sino las fuerzas demoníacas que usan a los seres queridos; son fuerzas de maldad que usan la traición y la deslealtad para herir con amargura el corazón de las personas. Y si entendemos que el Señor Jesús a través de su sacrificio en la Cruz derrotó las fuerzas de maldad que operan en los aires. Y la estrategia del adversario, es nublar el entendimiento de las personas, para de esta manera neutralizarlos y de esta manera estos poderes adversos seguirán ejerciendo el control.

El reto que estableció Elías con los profetas de Baal, fue muy sencillo: que tanto ellos como él, presentarían un sacrificio encima de la leña y el Dios verdadero, debería responder con fuego. Aunque los profetas de Baal, invocaron el nombre de su dios desde la mañana hasta el mediodía, nada aconteció, pero cuando le toco el turno al profeta Elías, él simplemente hizo una sencilla, pero poderosa oración: «Entonces cayó fuego de Jehová, y consumió el holocausto, la leña, las piedras y el polvo, y aun lamió el agua que estaba en la zanja. Viéndolo todo el pueblo, se postraron y dijeron: ¡Jehová es el Dios, Jehová es el Dios!” (1 Reyes 18:38-39).