SEPTIEMBRE 25 · MÁS QUE VENCEDORES

Somos conscientes de que estamos viviendo una guerra en el mundo espiritual. Batallamos contra un enemigo que permanece encubierto, para poder controlar.

Debemos entender que la Palabra de Dios es eterna y permanece para siempre en los cielos. San Pablo dijo: “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Efesios 6:12). Este pasaje nos habla de una jerarquía demoníaca que está batallando contra nosotros, compuesta por: principados, potestades, gobernadores y huestes de maldad que operan en las regiones celestes. También el Apóstol dice: “Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo” (Efesios 6:11).

 El apóstol Juan tuvo la visión de la batalla que se libra en el mundo espiritual, y dijo: 

 y ellos refiriéndose a los cristianos, (a usted y a mí) lo han vencido.

La Biblia presenta las armas con las que lo vencieron:

Por la Sangre de Jesús, el Cordero de Dios. 

Por la palabra del testimonio; esto es cuando confesamos lo que la sangre de Jesús ha hecho por nosotros. “Díganlo los redimidos de Jehová, los que ha redimido del poder del enemigo”. (Salmos 107:2).

No es suficiente creerlo y pensarlo, es necesario confesarlo. La confesión debe salir de sus labios, tienen que ser palabras expresadas en voz alta de aquello que la Sangre de Jesús hizo por nosotros.

El salmista en su oración de arrepentimiento dijo: “Purifícame con hisopo y seré limpio; lávame, y seré más blanco que la nieve” (Salmos 51:7). El escritor a los Hebreos dijo: “Sino que os habéis acercado…” “a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel”.  (Hebreos 12:22a, 24).   Acercarnos a la Sangre rociada, significa la confesión que nosotros hacemos de lo que la Sangre de Jesús hizo por nosotros.  

Lo declaramos ante el universo, ante ese mundo invisible espiritual que nos oye.  Esa confesión será escuchada por Dios, por los ángeles, pero también por el diablo y los demonios. esta confesión nos hace más que vencedores.