28 DE AGOSTO · MÁS QUE VENCEDORES

El apóstol Pablo en su introducción a la guerra espiritual, invita a los cristianos a que se fortalezcan en el Señor, todo lo que el Señor hizo; no lo hizo en su naturaleza divina, sino en su naturaleza humana, a fin de que nosotros entendiéramos que si Él lo pudo hacer, también nosotros lo lograríamos. La vida cristiana no es algo imposible de alcanzar; es como el manejar auto, nadie se desanima en manejar por el hecho de la cantidad de vehículos que inundan las avenidas, lo único que se requiere es que sepamos manejar y acatar las reglas de tránsito, de igual manera sucede con la vida cristiana, aceptar a Jesús en nuestro corazón como nuestro salvador y conocer su palabra para poderla obedecer.

Pablo dijo: “en cuanto a la pasada manera de vivir despojaos del viejo hombre que está viciado conforme a los deseos engañosos de la carne.” Efesios 4:22, por causa de los afanes de la vida, puede ser muy fácil distraernos de nuestro objetivo primordial que es derribar las fuerzas adversas de maldad que operan en los aires, recuerde que las únicas armas que tiene el adversario para derrotar a los creyentes es la astucia, el engaño, la seducción, la tentación y la mentira; sin embargo, cuando el creyente se levanta firme y entiende que está en una guerra, lo primero que hará es ponerse la armadura del guerrero y salir en la unción del espíritu de Dios para doblegar las huestes espirituales de maldad que rondan en los aires.

El Señor Jesús retomando las palabras del profeta Isaías dijo: “El Espíritu del Señor está sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, Y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos; A predicar el año agradable del Señor. Y enrollando el libro, lo dio al ministro, y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él. Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros” (Lucas 4:18-21).

Podemos ver que Jesús esperó la venida del Espíritu Santo sobre Su vida y cuando esto sucedió ya Él sabía que era el tiempo de empezar Su ministerio, Su primera victoria fue vencer la tentación en tres ocasiones y cuando llegó el momento difícil que era el de Su sacrificio en la cruz clamó diciendo: “Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lucas 22:42), así obtuvo la fuerza para avanzar.