Jesús venció al mundo y a todas las fuerzas diabólicas que operan en la tierra, trazando de este modo la senda para que andemos en Sus pisadas. De la misma manera debemos actuar nosotros en todo lo que hagamos, usando bien la Palabra de verdad como buenos soldados.

Después del incendio que destruyó Chicago, un amigo me dijo: – Moody, me dicen que usted perdió todo en el incendio.

– Usted ha entendido mal. No lo perdí todo.

– ¿Qué le queda?

– No le puedo decir exactamente, pero me queda mucho más de lo que perdí.

– ¿Así que no sabe cuanto tiene? ¡No me imaginaba nunca que usted fuese un hombre tan rico!

– Soy más rico de lo que usted piensa. Pude rescatar del incendio a mi vieja Biblia. Es casi lo único que salvé de la ciudad incendiada. Y una promesa de ese Libro me iluminó mucho más que el fulgor de las llamas del incendio. Es aquella que dice: “El que venciere, poseerá todas las cosas, y yo seré su Dios.”

Esta es la clase de actitud que demanda la vida cristiana, un camino que en algunas ocasiones está lleno de momentos de aflicción y soledad; no obstante, el Señor nos da testimonio que Él ha vencido al mundo.

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14 MARZO · FUERZA PARA VENCER

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