AGOSTO 23 · MANOS DE BENDICIÓN

Como podemos ver, por causa del pecado de la primera pareja, la imagen que ellos habían recibido de parte de Dios, quedó completamente desdibujada, pero no obstante ya el mismo Señor tenía un plan preestablecido para restaurar la imagen del hombre haciéndolo a través de Su propio Hijo. Al profeta Jeremías el Señor le dijo: “Levántate y vete a casa del alfarero, y allí te haré oír mis palabras. Y descendí a casa del alfarero, y he aquí que él trabajaba sobre la rueda. Y la vasija de barro que él hacía se echó a perder en su mano; y volvió y la hizo otra vasija, según le pareció mejor hacerla” (Jeremías 18:2-4). Ante este suceso, el alfarero no se puso a llorar, ni a lamentarse, sino que tomó un nuevo aliento y decidió hacer otra vasija que llegara a superar la anterior. Y el Señor tomó esta circunstancia para ilustrarle al profeta el plan de redención que Él había preparado para cada uno de Sus hijos. 

“Con un poco de ira escondí mi rostro de ti por un momento; pero con misericordia eterna tendré compasión de ti, dijo Jehová tu Redentor” (Isaías 54:8). 

Hay momentos en nuestro diario vivir que sentimos como si Dios hubiese ocultado Su rostro de nosotros; en esos momentos las personas suelen apoyarse en sus propias fuerzas, en los dones y talentos que puedan llegar a tener o se dedican a explorar las cosas de este mundo, sin encontrar ninguna respuesta. A través del profeta Isaías el Señor dijo: “Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay más” (Isaías 45:22). Cuando nos volvemos a Dios con todo nuestro corazón y con todas nuestras fuerzas, es como volver a encontrarnos con la vida, es sentirnos protegidos en Sus brazos llenos de misericordia. No olvide que Dios tambíen prometió: “Si alguno conspirare contra ti, lo hará sin mí; el que contra ti conspirare, delante de ti caerá” (Isaías 54:15) “Ninguna arma forjada contra ti prosperará, y condenarás toda lengua que se levante contra ti en juicio” (Isaías 54:17ª).