25 DE OCTUBRE · LUZ QUE ILUMINA MI VIDA

Cuando Jesús vino a este mundo, éste se encontraba en completa oscuridad, no obstante Jesús es el Sol de Justicia; y al aceptarle como nuestro salvador, él resplandecerá en cada corazón. Debemos entender que Jesús no es cualquier luz, Él es la única luz de este mundo, debemos recordar que Él es el Verbo de Dios y que por medio de Él todas las cosas fueron hechas y aunque gozaba del privilegio de ser igual a Dios, decidió despojarse para poder otorgar redención a toda la raza humana.

Motivo por el cual aceptó que el Padre le hubiese preparado un cuerpo humano donde Él debería habitar tal como lo expresó el escritor a los Hebreos: “Por lo cual, entrando en el mundo dice: “Sacrificio y ofrenda no quisiste; Mas me preparaste cuerpo. Holocaustos y expiaciones por el pecado no te agradaron. Entonces dije: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad, como en el rollo del libro está escrito de mí” (Hebreos 10:5-7).

La estrategia que Dios usó para liberar a Su pueblo de la esclavitud de Egipto, donde por 400 años por fueron oprimidos por Faraón, y lo único que los libero del yugo opresor, fue la Pascua. Pues la sangre del cordero aplicada en los dos [postes y en el dintel de las casas de los hebreos, fue lo que protegió a los primogénitos y de esta manera pudieron salir de Egipto. Algo similar es lo que acontece cuando entregamos nuestras vidas al Señor Jesús.

Tal como lo expresó Mateo: “El pueblo asentado en tinieblas vio gran luz; Y a los asentados en región de sombra de muerte, luz les resplandeció” (Mateo 4:16). La fe en Jesús nos sacó de la oscuridad del pecado, nos permitió ser parte de la iglesia de Jesús, la cual es su cuerpo. “Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud” (Gálatas 5.1).

Jesús acepto pagar el precio de nuestros pecados, y todo lo hizo por amor. “Aun el hombre de mi paz, en quien yo confiaba, el que de mi pan comía, alzó contra mí el calcañar” (Salmos 41:9). A través del profeta Isaías el Señor dijo: “Porque no me afrentó un enemigo, lo cual habría soportado; ni se alzó contra mí el que me aborrecía, porque me hubiera ocultado de él; sino tú, hombre, al parecer íntimo mío, mi guía, y mi familiar; que juntos comunicábamos dulcemente los secretos, y andábamos en amistad en la casa de Dios” (Salmos 55:12-14).

Es tiempo que usted comience alumbrar su hogar, su ciudad, su nación. Es tiempo que se ponga en alto, que suba al monte de Dios y desde allí sea luz para Su nación.