12 DE SEPTIEMBRE · LUZ QUE DA VIDA

El Señor Jesús sabía que solo contaba con tres años y medio para poder establecer el reino de Dios en esta tierra; razón por la cual aprovechaba muy bien cada instante. “Entre tanto que estoy en el mundo, luz soy del mundo”. (Juan 9:5). Después de esto sana a un hombre ciego. El escritor a los Hebreos dijo: “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón”. (Hebreos 4:12).

Cuando la Palabra se confiesa en fe, produce vida. En esto se asocian los dos conceptos del griego: logos y rhema. El logos equivale a la parte meramente conceptual de la Palabra, es el mensaje escrito. Para comprenderlo de manera más fácil, tomemos el ejemplo de la semilla. Una semilla no sembrada sería el logos. En este caso, una persona puede escuchar la Palabra de Dios, pero considerar que no es para ella. Ve este proceso como una oportunidad para adquirir cultura o conocer datos históricos muy interesantes, pero nada más.

El individuo que así actúa ha decidido quedarse con el logos o concepto de la Palabra de Dios; por tanto esa semilla queda como no sembrada que llega a la mente humana sin que pase al corazón de la persona, quedando infructuosa en esa vida. El rhema equivale a la parte práctica de la Palabra; es decir, es el paso del concepto a la acción. Volviendo al ejemplo de la semilla, en este caso estamos hablando de la misma semilla que, por medio de la fe, es sembrada en el corazón y da vida abundante. Pensemos en un campesino dueño de un vasto terreno, pero que no tiene para comer, pues no hay cosecha en su sementera; sin embargo, al entrar en su granero, descubre que tiene semillas en abundancia, así que dobla sus rodillas y ora al Señor: “Haz un milagro, haz que mis campos den fruto abundante”. Seguramente usted piensa que lo más acertado es que él se levante rápidamente y se dedique a sembrar la semilla para que en los próximos meses cuente con el fruto respectivo.

Como aquel hombre hay muchos creyentes que hacen lo mismo con la Palabra de Dios; se arrodilla con Biblia en mano y la abren en alguno de sus Salmos favoritos orando al Señor: “Haz que mi vida fructifique conforme a tu Palabra”; pero sus vidas siguen iguales de estériles, pues no han permitido que esa semilla quede sembrada en sus corazones.

Mientras una persona se quede en el marco conceptual de la Palabra, ésta no va a dar fruto. Es necesario pasar del logos a la dimensión del rhema, es decir, entrar en la experiencia viva de la Palabra de Dios.