29 DE OCTUBRE · LOS OJOS DE LA FE

Es interesante que el Señor Jesús nos habla de la puerta estrecha y un camino angosto. La vista es el medio que nos lleva a escoger nuestro destino. “Felipe le dijo: Señor, muéstranos el Padre, y nos basta. 9Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre?” (Juan 14:8-9) Y el apóstol dijo: “Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, Ni han subido en corazón de hombre, Son las que Dios ha preparado para los que le aman” (1 Corintios 2:9).

El apóstol Pablo corre el velo y nos revela que además de nuestros ojos físicos, Dios nos dotó también de unos hermosos ojos espirituales, y esto responde a la inquietud del porqué algunos que llegaron a ser conocidos como grandes siervos de Dios, y fue porque conquistaron cosas que en la lógica sería completamente imposible lograr. A Dios le plació correr el velo para que varios de Sus siervos vieran cosas que le son vedadas a la vista humana. Dios, a través del Espíritu Santo, incubó la creación.

La Palabra más el Espíritu genera el milagro. Veamos con un ejemplo cómo trabaja una cámara fotográfica:

1. Enfocar: Cuando tenemos una cámara fotográfica, si vamos a hacer una toma, primero debemos enfocar el objetivo que nos interesa, apuntar el lente hacia ese punto. Así es la visualización, donde vemos claramente lo que el Señor tiene para nosotros.

2. Tener buena luz: Para lograr una buena imagen debemos tener suficiente luz; en lo espiritual, la luz es lo que nos revela la voluntad de Dios para cada uno de nosotros.

3. Firmeza. (No mover la cámara). Cualquier leve movimiento en la cámara, en el momento de captar la imagen, alteraría el resultado de la foto.

Todo lo que Dios preparó para nosotros nos es revelado por el Espíritu de Dios. “Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios” (1 Corintios 2:10).

El Padre Dios espera que cada uno de sus hijos mantengan sus ojos abiertos a la fe, para que el Espíritu Santo les pueda revelar los secretos más profundos que se encuentran en el corazón de nuestro Dios, y así podamos entender cuál es Su propósito para con nuestras vidas. “Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios” (1 Corintios 2:11).

Cada palabra que Dios nos revela son como semillas de vida, que el mismo Señor espera que den fruto abundante. El Espíritu Santo quiere hacer equipo con los creyentes, pero solo lo puede lograr cuando encuentra personas de fe.