28 DE OCTUBRE · LOS BENEFICIOS DE LA FE

Todo aquel que desee disfrutar de una relación permanente con Dios, debe conectarse con él a través de Su Palabra, para que pueda entrar en la dimensión de la fe, pues a través de ella nuestra relación con Dios se fortalece y nos hace aptos para conquistar todos nuestros sueños.

Generalmente, el ser humano tiende a andar por vista y no por fe; trata de aferrarse a lo que ve, olvidándose de que detrás de este sistema de cosas existe un reino espiritual que no vemos pero que es real y eterno. La fe nos relaciona con el mundo invisible y eterno donde está el gobierno de Dios. La fe nos eleva por encima del plano natural para unirnos con el eterno y glorioso Reino de Dios. Por la fe podemos dejar nuestras debilidades y flaquezas al pie de la Cruz para vestirnos de la fortaleza invencible del Espíritu de Dios. La fe nos conduce a salir de un mundo de fracaso y derrota para disfrutar del éxito y la prosperidad que Dios ha reservado para los que le aman.

La fe tiene la habilidad de transformar lo absurdo en lógico, y lo vil y menospreciado, en útil y bendecido. La fe es lo que nos permite percibir como verdadero lo que aún no ha sido captado por los sentidos físicos. Debemos entender que la fe en el Señor Jesús es lo único que puede dar vida a nuestro espíritu. Jesús dijo: “…el que no naciere de agua y del espíritu no puede entrar en el reino de Dios” (Juan 3:5). El nuevo nacimiento equivale a recibir la vida del espíritu que proviene de Dios. Pablo dijo: “Pero el que se une al Señor, un espíritu es con él” (1 Corintios 6:17).

Al tener esa intimidad con Dios, el mundo espiritual se abre ante nuestros ojos y podemos ver todas las ricas y abundantes bendiciones que tiene para nuestra vida. Cada hijo de Dios debe aprender a estar en quietud en Su Presencia; calmar la mente agitada, preocupada y presionada, aprender a permanecer en silencio delante del Señor. Puede llevarle media hora, una hora o quizás más, pero, en un momento, cuando el espíritu humano se une al Espíritu de Dios y recibe la revelación que Él anhela darle.

El Apóstol nos invita a mantener muy en alto nuestro estado de ánimo. David, en uno de sus salmos, dijo: “Confortará mi alma…” (Salmo 23:3a). Significa que, como resultado de la intimidad con Dios, Él nos llena de Su presencia, soplando aliento de vida dentro de nosotros y, a través de la oración, podemos ver que las circunstancias son transformadas para bien.