1 DE MAYO · LLAMADO POR DIOS

Por lo general el ser humano tiende a la costumbre de verse de acuerdo con las circunstancias, y éstas muchas veces lo pueden llevar a verse muy por debajo a como Dios nos ve. Ese fue el caso del profeta Jeremías. Y ante tremendo llamado su respuesta fue: “¡Ah! ¡ah, Señor Jehová! He aquí, no sé hablar, porque soy niño. (Demasiado joven) Y me dijo Jehová: No digas: Soy un niño; (joven) porque a todo lo que te envíe irás tú, y dirás todo lo que te mande” (Jeremías 1:6,7).

Para poder llevar a cabo Su propósito en esta tierra, Dios siempre cuenta con el elemento humano. Cuando el Señor Jesús estuvo aquí, Él escogió doce hombres, a quienes llamó apóstoles. En ellos invirtió la mayor parte de Su vida ministerial, y luego los envió a continuar la misión redentora que Él había iniciado.

Aunque Jesús pudo haber vertido Su vida en las multitudes, no lo hizo, sino que prefirió trabajar hábilmente en la formación del carácter de doce personas completamente diferentes las unas de las otras. Y al igual que el alfarero con el barro, por tres años y medio dio forma al carácter de cada uno de ellos. Luego sopló, y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo” (Juan 20:22b).

¿Cómo pudo lograr el Señor Jesús que doce personas sin cultura, sin educación, sin riquezas ni posición social, llegarán a convertirse en los pilares del cristianismo? La respuesta es sencilla, estas personas respondieron al llamado de Dios y estuvieron dispuestas a dejarse moldear por Él para ser enviados.

La sensibilidad al Espíritu Santo es una de las condiciones esenciales para escuchar el llamado de Dios y atenderlo. Somos conscientes de que no estamos dentro del ministerio por nuestros dones, talentos o habilidades, sino por la gracia de Dios para con cada uno de nosotros. “Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo” (Efesios 4:7).

El apóstol habla de que al ser salvos el Señor nos da de su “gracia” que es el favor de Dios para los que no lo merecemos. Y al mismo tiempo dice que el Señor nos da una parte de su don, y es para que con esa medida nos podamos desarrollar dentro de su obra.

“Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo.” (Efe. 4:11,12). El carácter del Señor Jesús quedó diversificado en estos cinco ministerios, pero algunos piensan que Él sólo los dio para aquellos que están en un cargo elevado dentro de la iglesia. Así era como pensaba Jeremías y el Señor le corrigió diciéndole: “Y no digas: Soy niño”, Yo quiero usarte a ti.