2 DE ABRIL · LINAJE ESCOGIDO

Cuando Dios pensó en crear al hombre, lo hizo a Su imagen y semejanza; alguien que fuera reproducción del carácter divino. “Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra” (Génesis 1:26). La imagen significa la expresión externa y la semejanza tiene que ver con la parte interna; esto es el carácter.

Dios es un Padre Amoroso y Generoso, quien además es muy seguro de sí mismo y jamás se intimida por darle grandeza a su creación. No obstante aunque es generoso, también es precavido. Observemos que en el Verso 26, habla de lo que Dios va a hacer: crear un hombre a su imagen y semejanza; pero en el versículo siguiente, de una manera muy clara dice: “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó”. Frente al fracaso de hombre, cuando éste sucumbió en la tentación, para salvar a la raza humana Dios tuvo que repetir de nuevo el proceso, pero en esta ocasión se aseguró que en el momento de la prueba no sucediera lo mismo, razón por la cual envió a Su propio hijo a que naciera de una virgen, para que enfrentara al tentador y lo venciera.

Podemos ver el verso 26 que Dios no menciona la palabra semejanza; solamente habla de la imagen, porque la semejanza no es un obsequio; ésta es el resultado de una conquista. Razón por la cual puso al hombre en el huerto, y permitió que éste enfrentara la tentación. Pero a diferencia de la primera pareja, Jesús no se precipitó para enfrentar al adversario, y pacientemente esperó a que el Espíritu Santo viniera a su vida, para de esta manera poder enfrentar al tentador. “Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él. Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia” (Mateo 3:16,17).

Jesús sabía muy bien que en el Espíritu Santo está la plenitud de carácter del Padre. “Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo.” Y luego dice: “Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares. Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás. El diablo entonces le dejó; y he aquí vinieron ángeles y le servían” (Lucas 4:1, 8-10).

Esta victoria fue consolidada en la cruz, cuando Jesús dijo: “Consumado es” que quiere decir: La misión se llevó a cabo con rotundo éxito.