AGOSTO 19 · LIMPIEZA PERMANENTE

El apóstol Juan nos lleva a usar el hisopo y aplicar la Sangre del Cordero. El salmo 23:1 enseña, “Jehová es mi pastor; nada me faltará”.

El tiempo del verbo en este pasaje, está en presente continuo: “La Sangre de Jesucristo el Hijo de Dios, nos está limpiando continuamente de todo pecado”, vivimos en un mundo donde la inmundicia del infierno quiere salpicar nuestra vida; pero, al andar en luz y tener comunión con otros cristianos, la Sangre de Jesús mantiene un proceso de purificación y santificación permanente en cada uno de nosotros que impide que la mancha del pecado toque nuestro corazón.

El salmista David se refiere al Señor como nuestro pastor, quien de una manera continua, esta cuidando de cada uno de nosotros. De la misma manera como Dios se le reveló a Moisés cuando él le dijo al Señor: “Y si me preguntaren ¿Cuál es su nombre?, ¿qué les responderé? Y respondió Dios a Moisés: Yo soy el que Soy. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: Yo soy me envió a vosotros (Éxodo 3:13,14). En otras palabras: “Yo soy el Dios del ahora”. David lo entendió y lo expresó al decir: El Señor es mi pastor ahora y de una manera continua me seguirá pastoreando. Dios como nuestro pastor escoge los lugares más delicados y confortables para que nosotros como Sus ovejas podamos descansar. Y este descanso va muy acompañado con una profunda paz en nuestro corazón. Confortará mi alma. Y en los momentos de mayor tensión, el señor envía un aire de frescura, que abre las puertas para que la angustia, la preocupación, la ansiedad y la incertidumbre no se apodere de nosotros; y de esta manera podremos descansar en cada una de las promesas que Él nos ha dado a través de su Palabra. También permaneceremos  confiados porque Él mismo nos guía por la senda correcta de justicia e integridad. Aún en los momentos de mayor adversidad siempre veremos la protección sobrenatural que Él nos da a cada uno de nosotros. Todos estos beneficios los tenemos gracias a que un día Jesús ofrendó hasta la última gota de sangre por nuestra redención.