23 DE JUNIO · LIBRES POR LA CRUZ

El Apóstol entendió que la muerte de Jesús representaba su propia muerte; que todos sus delitos, sus flaquezas y su pasado fueron crucificados en aquella Cruz de Jesús. Más adelante, él dijo: “Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo” (Gálatas 6:14). La Cruz del Calvario no fue una experiencia momentánea para Pablo; cada día iba a esa Cruz, crucificando su carne con pasiones y deseos. Llegó a ser victorioso por el poder de la Cruz de Cristo, la cual no sólo fue victoria para Pablo sino vergüenza y derrota para los demonios.

“Anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz, y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz” (Colosenses 2:14-15). Satanás tenía una lista, un acta de decretos. Eran los derechos legales adquiridos por él contra nosotros, pero ¿dónde los obtuvo? Posiblemente por pecados cometidos por nuestros padres, el adversario los tomó como argumentos y los usó contra su descendencia. También el enemigo usa las experiencias traumáticas de la niñez para traer culpabilidad y condenación a las vidas.

Jesús tomó todos esos argumentos, los arrancó de nosotros y los canceló en Su Cruz, aniquilando para siempre el acta de los decretos. Por esto Pablo dijo: “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero)” (Gálatas 3:13).

Todos, sin excepción, nos descarriamos y tomamos el camino equivocado; la corriente del mundo nos había arrastrado llevándonos al abismo de la destrucción. Pero Dios tuvo misericordia de nosotros, nos dio entendimiento para comprender nuestra condición y abrir el corazón a Jesucristo para que more en nuestro interior. Pudimos entender que Jesús tomó nuestro lugar, recibiendo el castigo que merecíamos. Él tomó el acta de decretos escrita en contra de cada uno de nosotros y la anuló en Su Cruz, quebrantando el espíritu de maldición que nos perseguía y destruyéndolo para que no cause más tropiezo en nuestra vida. Tomó nuestro pecado y lo concentró en Su propia vida, llegando a la Cruz tal como éramos nosotros, bajo el juicio de maldición. Pues sólo Él podía soportar el castigo decretado para cada ser humano.

Apreciado amigo, la vida cristiana es el resultado de un intercambio; donde Jesús llevó todo lo malo que nosotros éramos y a cambio nos dio todo lo bueno que Él es; lo único que tenemos que hacer es recibirle por fe en el corazón, como el Señor y salvador de nuestras vidas.