9 DE OCTUBRE · LIBRES DE LA MALDICIÓN

En los años que las comunicaciones no eran como hoy, sino por medio de telegramas, un joven telegrafista estaba oprimido desde hacía algún tiempo por el sentimiento de sus pecados y suspiraba por la gracia del perdón divino, no sabía dónde encontrar la limpieza de su alma y corazón.

Una mañana estando de servicio tuvo que recibir y transmitir un telegrama. Con gran sorpresa descifró estas palabras: “He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”. Un cristiano que se hallaba de viaje telegrafiaba este texto en respuesta a la carta de un amigo que le pedía consejo sobre la salvación de su alma.

El mensaje estaba destinado para otro, pero el que lo transmitió, recibió por su medio la vida eterna, aprendiendo a poner su confianza en la obra redentora de quien, fue sacrificado como un Cordero para nuestra salvación.

Este joven experimentó, no sólo el perdón de pecados sino la gracia salvadora de Cristo, quien entregó su vida por cada uno de nosotros en aquella Cruz. El amor del Padre fue tan grande, que aún antes que naciéramos pensó en nosotros para salvarnos, enviando a Su Hijo Jesús a entregar Su vida en una Cruz. Recuerda, en Él eres escogido y amado.