FEBRERO 23 · LIBRES DE LA DESDICHA

Sé lo que es caer en manos de maleantes, pero también se cómo Dios puede mover el corazón de otros, que ni nos conocen, para darnos ayuda. Es sorprendente palpar la misericordia de Dios obrando a través de esas personas. En esta parábola, el Señor se representa a sí mismo como el buen samaritano, quien es movido a misericordia para comunicar a su prójimo acerca del amor de Dios. 

Un muchacho de la iglesia me compartió la manera en que Dios lo usaba para ganar a cierta gente para Jesús, y me contó cómo un día, mientras estaba en un centro comercial esperando a su esposa, que hacía algunas compras, vio  a una jovencita bastante desorientada. La llamó y le dijo: “Joven, quiero que se siente por un momento y escuche algo que mi esposa quiere decirle”. Inmediatamente llamó a su esposa y le dijo: “Compártele a esta joven”. La mujer la miró a los ojos y le declaró: “Dios te ama”. Al escucharla, la muchacha empezó a llorar, confesando que nunca nadie le había dicho que la amaba. Desde aquel mismo instante, entregó su corazón a Jesús y dio inicio a su vida cristiana. 

En este mundo hay dos mil quinientos millones de personas que nunca han oído mencionar el nombre de Jesús, y nosotros tenemos el privilegio de estar entre los que sí lo hemos oído. Eso significa que el Señor fue movido a misericordia y usó a una persona para que nos hablara de Jesús. Y, por haberlo aceptado en el corazón, recibimos la medicina que Él preparó para nosotros. 

El buen samaritano tomó dos elementos para auxiliar al herido: Vino y aceite. 

El vino se usaba como antiséptico para desinfectar la herida, pero también Cristo lo presentó como símbolo del nuevo pacto entre Dios y el hombre. vertió aceite sobre aquel hombre herido. Este representa el refrigerio interno, la unción del Espíritu Santo en nuestra vida. Reciba hoy el toque de Dios que restaura su vida por completo.