16 DE JULIO · SUEÑA EL SUEÑO DE DIOS

Los sueños grandes y nobles, son el material con el que entretejemos nuestro destino. Aunque José era muy joven, aceptó el sueño de Dios con un corazón inocente como el de un niño y esto fue lo que le ayudó a perseverar en su sueño hasta lograrlo. Pero los hermanos de José tenían un concepto totalmente diferente al de su hermano, ya que ellos dejaron que los celos y la envidia crecieran en sus corazones. Estos se convirtieron en los sueños dados por el adversario, los cuales los llevaron a entretejer la división y el odio en medio de su familia; pero la gracia que halló José logró contrarrestar esos planes.

La envidia es el sentimiento de tristeza o pesar que experimenta una persona por causa del bien ajeno, es un instrumento por medio del cual, el enemigo intenta hacer desmayar a los hombres de Dios. Una vez que los hermanos de José dieron lugar a la envidia en su corazón, empezaron a maquinar su destrucción; el enemigo plantó en la mente de estos hombres pensamientos de mal que los condujeron a rechazarlo y arrojarlo a una cisterna vacía en donde José experimentó la oscuridad, la depresión y una profunda soledad; finalmente, fue vendido como esclavo a unos Ismaelitas, así lo relata Génesis 37:23-28.

Lo que mantuvo la fortaleza espiritual de José fue su fe en aquellos sueños que Dios le había dado, de esta manera pudo enfrentar cada cambio y esperar con paciencia el cumplimiento de las promesas de Dios. Todo soñador debe estar en capacidad de asumir cambios, así como lo hizo José, confiando en el respaldo permanente de Dios.

Recuerde que José también tuvo que enfrentar la tentación, fue rodeado por un espíritu de seducción, pero se mantuvo firme porque en su corazón había tomado la decisión de no fallarle a Dios. Aunque José tuvo que enfrentar la envidia, el rechazo y la tentación, nunca perdió de vista el sueño de Dios, él tenía la plena certeza de que en su destino había un tiempo establecido para hacer realidad la promesa que le había sido revelada.

Salomón escribió: “Cruel es la ira, e impetuoso el furor: más ¿quién podrá sostenerse delante de la envidia?” esto está en Proverbios 27:4, aún el Señor Jesús tuvo que enfrentar la envidia de los líderes religiosos de su época pero su convicción fue firme en hacer la voluntad del Padre dándole la capacidad de perseverar hasta completar Su obra redentora.

Apreciado amigo, en la medida que tengamos contacto con la Palabra de Dios, Él nos revelará Su sueño y una vez esté grabado en su corazón, hallará el propósito de Dios para su vida.