JUNIO 23 · LAS LLAVES DE LA PREDICACIÓN

Para que la iglesia pudiera hacer un trabajo efectivo, impactando a las naciones de la tierra, debía estar equipada con los elementos necesarios. Así fue que Jesucristo se ocupó de proveer a cada uno de sus discípulos, durante los tres años y medio que estuvo con ellos, de todo lo imprescindible. Mediante el contacto personal, les fue trasmitiendo Su carácter, Su visión, Su compasión, Su fe y Su confianza plena en el Padre. Poco antes de partir de este mundo, les mandó que no se movieran de Jerusalén hasta que fuesen investidos del poder de lo alto. Después del Pentecostés, los corazones de todos ellos fueron completamente mudados, pues todos fueron llenos del Espíritu Santo, que es la Persona de la Trinidad que les proporcionaría la seguridad para iniciar sus ministerios. El Señor Jesús  le confió a Pedro las llaves de la evangelización.

Pedro fue el primero que abrió con esta llave de la evangelización, el Reino de los cielos, cuando predicó en el día del Pentecostés y tres mil personas se convirtieron. También la utilizó cuando predicó en la casa de Cornelio, dando inicio a la iglesia gentil (pues aquellas personas no eran judías). Dios quiere que cada uno de nosotros aprendamos a usar el poder de la predicación de la Palabra. Pablo escribió: “Porque el reino de Dios no consiste en palabras, sino en poder” (1 Corintios 4:20). Cuando usamos su Palabra, pura y fiel, Dios hace cosas extraordinarias. “Así será la palabra que sale de mi boca, no volverá a mí vacía sino que hará lo que yo quiero y será prosperada en aquello para que la envié” (Isaías 55:11). Cuando la Palabra de Dios es predicada en la unción del Espíritu Santo, es respaldada con señales y prodigios. De este modo, la gente siente la convicción de pecado que la lleva a doblegar su corazón ante el amor y la compasión de Jesús. Cuando el Señor envió a sus apóstoles a que predicaran, les dijo: “Sanad enfermos, limpiad leprosos y resucitad muertos…” (Mateo 10: 8) nos enseña la manera cómo el Señor los comisionó para que predicaran el evangelio. No hay manera de transformar familias y ciudades sino es a través de la predicación de la Palabra; ella crea el ambiente de la gloria de Dios.