16 DE MAYO · LA COMUNIÓN CON EL PADRE

Satanás, que es un ser espiritual, por causa de su rebeldía fue expulsado del cielo. La puerta abierta que encontró para poder entrar en el jardín del Edén fue un animal, el cual era más astuto que todos. Ella usó sus artimañas para sembrar la semilla de la duda en la vida de Eva, diciendo:

A) ¿Es verdad que Dios les dijo? (v. 1b). Cuestiona que Dios haya hablado.
B) No es cierto, no van a morir (v. 4). Cuestiona a Dios tratando de hace creer que Él es un mentiroso.
C) Se les abrirán los ojos (v. 5b). Quiere llevar a una visualización incorrecta.
D) Llegarán a ser como Dios (v. 5b). Quiere sembrar rebeldía contra Dios.

Dios anhelaba una descendencia con la cual podría relacionarse, pero el enemigo logró su objetivo, y la mujer se quedó contemplando el árbol posiblemente por mucho tiempo. Debemos entender que el adversario en un principio fue un querubín protector que ocupaba una posición de autoridad, todo lo que sabía lo aprendió de Dios, pero ahora lo estaba usando para el mal. La visualización, que es un principio del reino espiritual, Satanás la utilizó como una estrategia para dominar y controlar a la primera pareja.

La visualización incorrecta llevó a Eva a entrar en el territorio del adversario, allí comenzó a ver todas las cosas tal cual la describía la serpiente; observó el fruto prohibido, lo codició, tomó de él y lo compartió con su marido; perdieron todo lo que Dios había conquistado para ellos en el Edén y perdieron la comunión con Su padre.
Pero dos mil años después en la Cruz, Jesús conquistó nuevamente todo lo que Adán y Eva habían perdido. El velo se rompió y hoy tenemos acceso al trono de Su gracia, podemos entrar confiadamente sabiendo que hemos sido limpiados por la sangre del Cordero de Dios.

Tenemos la bendición de poder llamar a Dios, Padre y podemos disfrutar de una relación íntima con Él. ”Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: !!Abba, Padre!”(Romanos 8:15).