17 DE FEBRERO · LA BÚSQUEDA CORRECTA

Un día de verano en La Florida, un niño quiso nadar en la laguna detrás de su casa. Salió corriendo, se tiró en el agua y nadaba feliz. Su mamá desde la casa lo miraba por la ventana, y vio un cocodrilo. Enseguida corrió hacia su hijo gritándole con todas sus fuerzas; al oír el niño se alarmó pero era demasiado tarde.

Desde el muelle la mamá lo agarró por sus brazos justo cuando el cocodrilo le agarraba sus piernitas. La mujer jalaba determinada, con toda la fuerza de su corazón. El cocodrilo era más fuerte, pero la mamá era mucho más apasionada. Un señor que escuchó los gritos fue hacia el lugar con una pistola y mató al cocodrilo. El niño sobrevivió y aunque sus piernas sufrieron, pudo volver a caminar.

Cuando salió del trauma, un periodista le preguntó al niño si le quería enseñar las cicatrices. El niño levantó la colcha, se las mostró y con gran orgullo dijo: ‘Pero las que usted debe de ver son estas’. Eran las marcas de las uñas de su mamá que habían presionado con fuerza. ‘Las tengo porque mamá no me soltó y me salvó la vida’.

Nosotros también tenemos cicatrices de un pasado doloroso, pero algunas son las huellas de Dios que nos ha sostenido con fuerza para que no caigamos en las garras del enemigo. Recuerda que si te ha dolido alguna vez, es porque Dios te ha agarrado demasiado fuerte para que no caigas.

¡Él amor de Dios borra las cicatrices del pasado y te da la marca correcta! Determinate a buscarle con un corazón genuino.