4 DE MARZO · LA BIBLIA FUNDAMENTO QUE PROTEGE

En la conclusión del Sermón de la montaña, el Señor Jesús traza la ruta del destino de las familias, dando por sentado que todo depende de la manera como el Hombre se conecte con la Palabra de Dios.

El sello del verdadero discípulo de Jesús radica en su relación permanente con las Escrituras, pues se convierten en roca firme para su alma y son el pilar que lo sostendrá en tiempo de pruebas, proporcionándole genuina seguridad a su vida.

El mensaje que Moisés dio al pueblo de Israel, ponía énfasis en la obediencia a la Palabra de Dios, cuando dijo: “Acontecerá que si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, para guardar y poner por obra todos sus mandamientos que yo te prescribo hoy, también Jehová tu Dios te exaltará sobre todas las naciones de la tierra. Y vendrán sobre ti todas estas bendiciones, y te alcanzarán, si oyeres la voz de Jehová tu Dios” (Deuteronomio 28:1-2).

El profeta Isaías dijo: “Sécase la hierba, marchítase la flor; mas la palabra del Dios nuestro permanece para siempre.” (Isaías 40:8)

La Biblia es esa palabra fresca de Dios, que alimenta el alma, fortalece el espíritu y nos ayuda para que nos mantengamos centrados en la senda correcta que es la que nos conducirá a nuestro destino eterno.

La Biblia es la Palabra infalible de Dios, no podemos aceptar ningún otro libro que pretenda serlo. Cuando nos apropiamos de ella como alimento permanente y permitimos que more en abundancia en nosotros, la confesión cambia y, a medida que la estudiemos, los velos en nuestra mente irán desapareciendo, la verdad se irá aclarando y las cadenas que nos ataban se desintegrarán. Por esto Jesús dijo: “Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres“ (Juan 8:32). Uno de los beneficios que otorga el conocimiento de Su Palabra es la transformación de aquellas expresiones de derrota, queja y fracaso que teníamos por confesiones de fe y victoria.

El hombre sabio es el que oye la palabra de Dios y la obedece. En los momentos de prueba representada en: Lluvias, ríos y vientos y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca. Mas el insensato paso por la misma prueba pero no aguanto. y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina. (Mateo 7:25).