21 DE MARZO · LA BENDICIÓN ESPIRITUAL

Mientras estaba trabajando en su taller en Chicago, Gustaf Gillma, un lapidario, vio que entraba en ella un hombre vestido de modo sencillo, que tenía la apariencia de ser un obrero. El hombre se presentó como John Mihok, de Omaha, Nebraska, y luego, metiéndose la mano en el bolsillo de los pantalones, sacó una piedra de aspecto ordinario, que entregó a Gillman, pidiéndole que la cortara y la puliera. Cuando Gillman la miró bajo la luz, se quedó con la boca abierta y le preguntó: – ¿De dónde has sacado esto? -Mi Padre la recogió en su casa de campo, en Hungría, hace muchos años.

Pensó que era una piedra muy bonita y quizá él mismo la pondría en mi maleta, porque cuando llegué a este país la encontré con ella, o quizá fue mi madre quien la puso, no lo sé. La he tenido en mi casa durante todo este tiempo. Hemos dejado a los niños que jugaran con ella. Una vez casi la perdí, una rata se la llevó a su nido. Pero la encontré por casualidad. La he perdido más de una vez, pero siempre la he vuelto a encontrar- dijo Mihok.

Mientras el experto seguía mirando la piedra con asombro. Mihok continuó: – Una noche soñé, que era un diamante y tenía mucho valor. Pero no es un diamante ¿verdad?, porque es roja.

-No, no es un diamante -dijo Gillman-, es un rubí precioso.

– ¿y tiene algún valor? -preguntó

– Si. Su valor es aproximadamente de 100 a 200 mil dólares – le contesto el lapidario.

Una vez cortada la piedra resultó ser un rubí sin ningún defecto, de más de 23 quilates, el mayor rubí existente en el mundo. Y durante todos aquellos años Michel, el padre, y John el hijo, habían estado trabajando en la dura labor del campo para conseguir ganarse la vida, en tanto que poseía una verdadera fortuna.

¿Qué diremos del gran número de personas, que tienen el derecho a recibir las abundantes bendiciones del Padre Celestial, pero viven una vida de pobreza espiritual y necesidades físicas? Busca a Dios hasta recibir todo lo que Él conquistó para ti.