SEPTIEMBRE 13 · LA VERDADERA FUERZA

En este mundo encontramos muchos opuestos. Blanco y negro; caliente y frío; día y noche; grande y pequeño; rico y pobre, etc. Mas la Escritura presenta los beneficios de la fe para el que la posee: “Sacaron fuerzas de debilidad…” es como decir que sacaron fuego del hielo, o luz de la oscuridad, o abundantes cosechas en tiempo de sequía. 

El Apóstol dijo: “…cuando soy débil, entonces soy fuerte” (2 Corintios 12:10). Pablo antes de su conversión había logrado posicionarse dentro de la sociedad como una persona de reputación e influencia, gozando de algunos privilegios como el de haber sido discipulado por uno de los más grandes maestros de su época, Gamaliel. Además, llegó a obtener la ciudadanía Romana lo cual no era fácil conseguir para un extranjero, era un verdadero fariseo, poniéndose por encima de la gran mayoría de ellos que habían caído en la hipocresía. Él conocía muy bien su línea genealógica, pues sabía que venía de la tribu de Benjamín. Como líder religioso llegó a tener el respeto de muchos a causa de su celo y dedicación con los cuales hacía todas las cosas, era irreprensible. 

Pero después que conoció a Jesús como su Salvador, fue como si aquel gigantesco globo que él había inflado alrededor de su vida se hubiese desinflado completamente, sin que quedara nada de valor en lo cual él se pudiera apoyar. 

Todo lo que Pablo había luchado y todo lo que había conquistado perdió su encanto en un solo instante. Jesús pasó a reemplazarlo y serlo todo. Todos sus sueños, anhelos y deseos por ver la redención de su nación hallaron respuesta el día de su conversión. Él comprendió que Jesús lo es todo y lo llena todo. En su carta a los filipenses dijo: “Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe” (Filipenses 3:7-9).

La fe en Dios cambia nuestro panorama y lo que considerábamos valioso pierde su importancia al entender que la presencia de Dios y Sus promesas son lo más grande que podamos poseer.