20 DE MAYO · LA SANGRE DE JESÚS NUESTRA PROTECCIÓN

 

“Y la sangre os será por señal en las casas donde vosotros estéis; y veré la sangre y pasaré de vosotros, y no habrá en vosotros plaga de mortandad cuando hiera la tierra de Egipto”

(Genesis 12:13).

 

 LA SANGRE DE JESÚS NUESTRA PROTECCIÓN

Para los creyentes en Jesús, además de que la sangre de Jesús los limpia de sus pecados, también Dios la tiene como una señal entre él y sus hijos. Los ojos de Dios estarán puestos en aquellos hogares que han decidido cubrirse con la sangre de Jesús, pues cada vez que Dios mire aquellas familias, el Señor les dará una protección especial porque ese hogar está bajo el pacto de la sangre de Jesús.

“Y guardaréis la fiesta de los panes sin levadura” (Genesis 12:17). Para el pueblo de Israel, la levadura era prototipo del pecado. Del mismo modo como la levadura fermenta e infla la masa, también el pecado contamina completamente las vidas de las personas. En el primer mes de cada año, toda la nación de Israel debía dedicar la semana del día catorce al día veintiuno a la santificación, consagrando y purificando sus casas y sus familias. Debían procurar un arrepentimiento genuino a fin de erradicar la maldad de sus corazones; de esta manera les sería mucho más fácil caminar en santidad delante de Dios. El mandato divino fue que esta semana de santificación se practicara de generación en generación, es decir, perpetuamente. “Y tomad un manojo de hisopo, y mojadlo en la sangre” (Éxodo 12:22) El hisopo, es un pequeño arbusto que se da en el medio Oriente. Ese hisopo significa la confesión que nosotros hagamos de la sangre de Jesús.

Los israelitas vivieron momentos de gran tensión cuando el ángel de la muerte pasó por toda la nación de Egipto -donde ellos estaban cautivos-, y de cada familia arrebató el primogénito de la casa. Mas, aunque en ninguno de sus hogares el ángel destructor pudo entrar, no obstante, todos pudieron sentir en los aires cómo el espectro de la muerte sembraba el dolor, el lamento, el llanto y la angustia. Los gritos de desesperación trascendían de una casa a la otra, a tal punto que toda la nación se conmocionó. Los judíos fueron tan solo espectadores de todo lo que estaba ocurriendo, más Dios aprovechó esa ocasión para decirles: “Yo guardé a sus primogénitos, razón por la cual ellos me pertenecen. Por ese motivo, ellos deberían ser consagrados al servicio del ministerio”. Aunque luego, a Dios le plació que todos los primogénitos fueran representados en la tribu de Leví, la cual fue separada de manera exclusiva para el servicio de Dios. “Nunca se apartó de delante del pueblo la columna de nube de día, ni de noche la columna de fuego” (Éxodo 13:22). Tanto la columna de nube como la columna de fuego simbolizaban que Dios estaría en medio de su pueblo guiándoles de una manera permanente hasta que llegaran a la tierra prometida. Jesús se manifestó como la luz del mundo y el que le sigue, no andará en tinieblas.