20 DE ENERO · LA REVELACIÓN DE LA CRUZ

Un joven telegrafista estaba oprimido desde hacía algún tiempo por el sentimiento de sus
pecados y suspiraba por la gracia del perdón. Una mañana estando de servicio tuvo que
recibir y transmitir un telegrama. Con gran sorpresa descifró estas palabras: “He aquí el
Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”. Un cristiano que se hallaba de viaje
telegrafiaba este texto en respuesta a la carta de un amigo que le pedía consejo sobre la
salvación de su alma.

El mensaje estaba destinado para otro, pero el que lo transmitió recibió por su medio la
vida eterna aprendiendo a poner su confianza en la obra redentora de quien, fue
sacrificado como un cordero para nuestra salvación. – Spurgeon