28 DE MARZO · LA REVELACIÓN DE LA CRUZ

El 13 de enero de 1982, un avión Boeing 737 que realizaba un vuelo de Washington a Miami, presentó fallas a pocos minutos de haber despegado y terminó estrellándose en un puente ubicado sobre el río Potomac.

El accidente causó un gran atascamiento vehicular debido a que el puente estaba cerca de la Casa Blanca, el Pentágono y el Monumento a Jefferson, por lo que las autoridades decidieron cerrar carreteras y calles aledañas para evitar cualquier tipo de disturbios y mantener el orden.

Algunos oficiales cuentan una heroica historia ocurrida durante las labores de rescate cuando el primer helicóptero llegó a la zona, lanzó una soga con un salvavidas a un puñado de personas que flotaban aferrados a los restos del avión. El hombre que cogió primero el salvavidas se lo pasó de inmediato a uno de sus compañeros para ser evacuado y cada vez que desde el helicóptero se volvía a tirar la soga, el mismo hombre lo recibía y nuevamente la pasaba a otra persona. Así lo hizo hasta que por fin llegó su turno para ser rescatado, pero desafortunadamente la fuerza del río creció en pocos minutos y terminó siendo arrastrado por la corriente.

Un acto heroico que vivirá por siempre en la memoria de los que recibieron de sus manos ese salvavidas.

Ese mismo acto de heroísmo es el que podemos ver en Jesús, quien pudiendo librarse a sí mismo del terrible castigo del pecado, decidió cargar todo el peso de la maldad humana sobre sus hombros, hasta llegar a la muerte.

Las condiciones de la humanidad por causa del pecado son similares a ese avión que se estrelló sobre el río Potomac; Pero aún queda una esperanza, una soga baja de lo alto con un salvavidas. Hoy conocemos que la cruz representa la decisión que hizo el Hijo de Dios: salvar primero a la humanidad antes que salvarse a sí mismo.