1 DE OCTUBRE · LA RECOMPENSA DE LA FE

“Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos”. (Mateo 5:3) Es interesante la manera como Jesús empieza su extraordinario Sermón, usando dos palabras que son antagónicas. Bienaventuranza, que significa dicha extrema, y pobreza que significa, carencia de todas las cosas.

La pobreza va relacionada con la miseria y hace sentir a las personas que ellas no pueden valerse por si mismas. Si Jesús hubiese omitido la otra frase, “en espíritu”, deduciríamos que Jesús no hubiese estado de acuerdo con el desarrollo o progreso de las personas. Mas cuando el dice: “Pobres en espíritu, esto ya tiene otra connotación; no tener nada de nosotros mismos en lo cual nos podamos apoyar, pues cuando somos nada, es cuando el Señor puede hacer de nuestro corazón su morada.

El patriarca Job en medio de su aflicción dijo: “¡Quién me diera el saber donde hallar a Dios! Yo iría hasta su silla. Expondría mi causa delante de Él. Yo sabría lo que él me respondiese, Y entendería lo que me dijera. ¿Contendería conmigo con grandeza de fuerza? No; antes él me atendería. Allí el justo razonaría con él; Y yo escaparía para siempre de mi juez”. El patriarca Job, quien se justificaba a si mismo, y se consideraba una persona integra en todos los aspectos de la vida. Después de que él atravesó por las pruebas mas difíciles fue que experimento su verdadero encuentro con Dios. “De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven. Por tanto me aborrezco, y me arrepiento en polvo y ceniza” (Job 42:5,6).

Jesús le dijo al joven rico, que lo estaba halagando: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno sino uno: Dios. Mateo 19:16. Jesús no quiso tomar para si, ningún atributo espiritual que le pertenecía al Padre Dios. A Zaqueo, Quien estaba encaramado en el árbol sicómoro, le dijo: “Zaqueo, date prisa, desciende, porque hoy es necesario que pose yo en tu casa”. Lucas 19:5. Zaqueo tuvo que descender, para que Jesús pudiese morar en su casa, esto llevo a Zaqueo a poner en orden su vida. El Señor a ver las vidas de estas personas tan necesitadas comienza a expresar palabras de esperanza, de aliento y consuelo, Él siempre ha sentido compasión por el dolor y la necesidad de las personas, y en este sermón nos enseña el poder que hay en guardar Su Palabra.

La Palabra de Dios siempre traerá a su vida fe; en ella podrá encontrar la respuesta a cada una de sus necesidades; la voz de esperanza para su futuro está en las Escrituras, todas las respuestas que necesita las encontrará en ella. Las Escrituras se convierten en ese pastor que nos habla el Salmo 23 que nos da paz, que nos da descanso, que nos guía por sendas correctas. “Acontecerá que si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, para guardar y poner por obra todos sus mandamientos que yo te prescribo hoy, también Jehová tu Dios te exaltará sobre todas las naciones de la tierra” (Deuteronomio 28:1).