29 DE OCTUBRE · EL ESPÍRITU SANTO EN MÍ

Un hombre se acercó  a un lugar que tenía por nombre la “tienda del Cielo”  y estaba llena de cajas con etiquetas que decían lo que contenían. Leyó con asombro: Misericordia, Paz, Sabiduría, Paciencia, Fortaleza, Consejo, Paz, Ciencia, Fe, Esperanza, Amor; en fin, una larga lista de productos de este tipo. Comprendió que lo que vendía aquella tienda no eran bienes materiales, sino más bien cualidades, virtudes y dones espirituales.

El visitante prosiguió su recorrido y después de pensarlo un poco, hizo un inventario de sus carencias. Aprovechando que estaba ahí procedió a hacer su pedido; decidió comprar “Oración” -pues hacia tiempo la suya era muy pobre-, llevaría también “Humildad” -que ya desde ese momento, estaba haciendo su efecto-, agregó a su pedido un poco de “Caridad” y por último llevaría “Consejo”, aunque al final recapacitó y lo cambió por “Prudencia”. Completó la lista con todo aquello que creía le era necesario para ser feliz y hacer más felices a los demás.

Al llegar a la caja, el comprador dijo al ángel que le atendió: “Esto es lo que voy a llevar, todo esto es lo que me hace falta. El ángel recibió la hoja de pedido.

Momentos después, el ángel regresó con un diminuto paquete y lo colocó sobre el mostrador. El cliente sorprendido le preguntó: “¿Eso es todo? Pero si he pedido varias cosas, algunas de ellas bastante importantes…, yo imaginaba que me llevaría un gran paquete”. A lo que el ángel, dirigiéndole una tierna mirada, le respondió: “Efectivamente, en este pequeño paquete se encuentra todo lo que ha pedido, lo que sucede es que aquí todos los dones se dan en semilla, se colocan en el corazón y con el tiempo, después de regarlos y cultivarlos darán su fruto. Aquí no vendemos frutos… aquí entregamos semillas”.

Con el ESPÍRITU SANTO recuperaremos la fuerza y el brillo de la fe, nos sentiremos confirmados en la misión que llevamos entre manos y abriremos surcos para la alegría y la salvación que nos trae Jesucristo.