16 DE NOVIEMBRE · LA PALABRA DE DIOS ME DA VALOR

La Palabra de Dios produjo sumo gozo en el corazón del profeta; y luego el Señor le reveló el poder de ella: “¿No es mi palabra como fuego, dice Jehová, y como martillo que quebranta la piedra?” (Jeremías 23:29).

Aquella palabra que llega a través de nuestros oídos al corazón, debe permanecer en nuestra boca, es decir, tenemos que hacer confesión permanente de ella. “Porque de la abundancia del corazón habla la boca” (Mateo 12:34). El apóstol San Pablo, escribiendo a los efesios dijo: “Tomad… la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios” (Efesios 6:17). La Biblia como libro cerrado no tiene ningún poder, pero cuando creemos en ella y la pronunciamos con nuestros labios, se convierte en la espada del Espíritu. “Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación” (Romanos 10:10).

Cuando la Biblia habla de “meditar”, no se está refiriendo a poner la mente en blanco, como propone la meditación extrasensorial, que es una puerta abierta a los demonios; es peligrosa y está prohibida por la Palabra de Dios. Usted tiene que meditar y profundizar en las Escrituras, así como los rumiantes hacen con su alimento. Lo van procesando de a poco, pasándolo por un intestino, luego por otro, hasta hacer la digestión. Del mismo modo, la Palabra llega a la mente, luego pasa al corazón, vuelve a la mente y regresa al corazón, asimilándola naturalmente, entendiendo el significado de cada escritura. Todo ello con la ayuda del Espíritu Santo, quien se ocupa de que entendamos sus verdades. Para meditar en la Palabra de Dios, usted necesita pasar cierto tiempo en la presencia del Altísimo, hasta que la Palabra leída, sea entendida con claridad y comience a formar parte de usted.

Miremos esto desde otro ángulo, observemos el lado negativo para entender el positivo: En nuestros tiempos, muchas personas están siendo asediadas por la queja y el negativismo; aun los mismos creyentes viven quejándose de día y de noche; algunos viven así; están todo el día pensando en el problema: “¿Qué será de mi muchacho?”, “Qué situación tan perjudicial le ha tocado a este hombre con esa mujer”. Otros dicen: “Soy un fracaso”; “No sirvo para nada”; “todos me rechazan, no sé qué hacer”. Debemos estar atentos a la Palabra “Acontecerá que si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, para guardar y poner por obra todos sus mandamientos que yo te prescribo hoy, también Jehová tu Dios te exaltará sobre todas las naciones de la tierra” (Deuteronomio 28:1). A medida que usted confiesa la Palabra, ésta se irá arraigando y afirmando en su corazón.