14 DE SEPTIEMBRE · LA PALABRA DE DIOS EN MÍ

Cuando una Palabra sale de los labios de Dios está llena de poder y no se puede detener, hasta que haya cumplido Su propósito.

“así será mi palabra que sale de mi boca no volverá a mí vacía sino que hará todo lo que yo quiero y hará todo lo que yo mande” (Isaías 55:11).

Recuerde que todo lo que existe fue creado por el poder del Verbo de Dios: los animales, las semillas, las flores, las nubes, el aire que respiramos, todo empezó a existir cuando Dios habló con su voz de mando y autoridad.

Ahora, lo que muchos no entienden es que Dios nos escogió y nos dio el privilegio de ser ministros de Su Palabra, esto significa predicar el evangelio a todas las personas. Pero para poder desatar todo el poder creativo de la Palabra es necesario abrir nuestros labios y confesar esa Palabra de vida.

¿Cuántos milagros hizo el Señor Jesús mientras estuvo en la tierra? Calmó la tempestad, sanó leprosos, dio vista a los ciegos y aún levantó de entre los muertos a Lázaro. Esto nos muestra claramente que la Palabra de Dios tiene el poder para dar vida a todo aquello que esté muerto.

Apreciado amigo, La Biblia está llena de promesas para su vida, para su familia, para sus fianzas, para su ministerio y para su salud, pero es necesario creerlas en el corazón y confesarlas con los labios.

Pablo dijo: “Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.” (Romanos 10:10)

¡No importa cuál sea su necesidad, la Palabra de Dios tienen el poder para transformar cualquier circunstancia, positivamente. “Pues la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado. Porque no hay diferencia entre judío y griego, pues el mismo que es Señor de todos, es rico para con todos los que le invocan.” (Romanos 10:11,12).

La misma palabra de Dios es a que se encarga de despejar nuestra senda, fortalece nuestro espíritu, sana nuestro cuerpo y trae todo aquello que necesitamos. Y lo más poderoso de todo esto es que ese Verbo Divino vive dentro de nosotros y cualquier decreto que demos, el mismo Señor lo respaldará. Posiblemente usted ha vivido muy lejos de Dios y nunca se interesó por su espiritualidad, pero Pablo incluye esta promesa: “Fui hallado de los que no me buscaban; Me manifesté a los que no preguntaban por mí.” (Romanos 10:20).