SEPTIEMBRE 9 · LA OBRA PERFECTA

El Doctor Derek Prince, fue uno de los más grandes maestros bíblicos del siglo pasado. Egresado de la Universidad de Cambridge, como era profesor de lógica tenía una mente muy estructurada. 

Al experimentar el nuevo nacimiento, canalizó su formación intelectual para comprender las verdades de la Palabra de Dios, además tuvo la habilidad de enseñarlas con gran sencillez. Algo que compartía era sobre una enfermedad cutánea en sus manos y sus pies, por la que permaneció internado en un hospital en Egipto en la época de su servicio militar. En ese entonces, lo visitaron dos mujeres y un hombre que viajaron seis horas en auto para llegar hasta donde él se encontraba y orar para que recibiera sanidad. El personal del hospital le dio permiso para salir al parqueadero y sentarse en el carro con ellos; allí comenzaron a orar y el poder de Dios se manifestó de una manera tan poderosa que el auto, aunque no estaba encendido, se estremecía como si estuvieron viajando a alta velocidad. Luego, a través de una joven de Oklahoma, el Señor le dijo: 

“Considera la Obra de la Cruz, una obra perfecta, completa en todo”.

Jesús con infinito amor tomó nuestro lugar y pagó el precio del castigo que merecíamos. Las últimas palabras de Jesús en la Cruz del Calvario fueron “Consumado es”, es decir, cumplí perfectamente la obra de la redención. La Cruz de Jesús debe pasar de ser un conocimiento a ser una revelación en su vida. 

¿Vivió usted la revelación de la cruz, o aún le falta dar otro paso? No existe experiencia que pueda compararse. La cruz significa una nueva naturaleza, cancelación de argumentos en su contra, cambiar la maldición por bendición, vivir bajo pacto, ser parte de la familia de Dios, asegurar su estadía en la tierra y tener la visa para entrar al Reino de los Cielos; quiere decir ser protegido por los ángeles aquí y ser escoltado por ellos al partir de este mundo. La Cruz tiene el poder de atraernos en todos los tiempos, sin importar raza ni trasfondo cultural. Jesús dijo: “Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo. Y decía esto dando a entender de qué muerte iba a morir” (Juan 12:32,33).