6 DE JULIO · LA BENDICIÓN DE LA OBEDIENCIA

Jesús estaba listo para enfrentar la Cruz, estaba preparado para sufrir la humillación y la violencia, pero hubo algo que estremeció fuertemente a nuestro redentor y fue cuando vio con claridad el contenido de la copa que estaba pronto a Beber y era la copa que el Padre Dios había predeterminado que él bebiera. El Señor se estremeció de tal modo que suplico en tres ocasiones: “Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa” (Mateo 26:39b). pero en las tres no hubo respuesta alguna. Que había en esa copa que el Señor se rehusaba a tomar? Toda la inmundicia, la rebeldía y todas las abominaciones de la raza humana; y al tomar la copa, Jesús se haría el directo responsable de recibir el castigo que merecía la raza humana por sus pecados.

Cuando Jesús pronunció aquella oración todo el cielo se congeló; sí Jesús no bebía esa copa, no habría redención para la raza humana. Todo el Reino Celestial estaba expectante: ¿qué haría Jesús?, ¿decidiría como Adán, de acuerdo con sus propios deseos?, ¿o se sometería a la voluntad Divina?

Segundos después, Jesús completó Su oración con una frase que cambió para siempre la historia de la humanidad: “pero no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lucas 22:42b). ¡Fue un momento glorioso, en ese preciso instante la redención de la humanidad fue conquistada! A pesar de todo el sufrimiento que estaba experimentando, Jesús tomó la decisión beber aquella copa, y de hacer la voluntad del Padre.

Jesús fue fiel en todo y actuó basado en la Palabra de Dios y no en sus sentimientos. Tristemente, este tipo de fidelidad no es algo común, pues muchos olvidan que la fidelidad es cuestión de voluntad y no de emociones. La obediencia de Jesús nos permite recibir de vuelta muchas bendiciones que Adán había perdido por su desobediencia, como lo son la prosperidad, la salud, la honra, etc.

Quisiera que usted se detenga a pensar si ha sido fiel a Señor y a su Palabra y si su corazón está totalmente abierto para decir “que se haga tu voluntad y no la mía” tal y cómo lo hizo Jesús. Entienda que los caminos de Dios siempre son más altos que los nuestros y que sus pensamientos para nosotros siempre serán mejores.

“Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová .Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos”. (Isaías 55:8-9)

Por eso la mejor decisión que podemos tomar es confiar en Sus promesas y vivir siempre en obediencia a su Palabra, he podido entender que esto es el secreto de la verdadera felicidad. Recuerde lo que dijo el Salmista: “Encomienda a Jehová tu camino, y confía en él; y él hará”. (Salmos 37:5)