13 DE SEPTIEMBRE · LA MEJOR MEDICINA

Uno de los flagelos que va en aumento, dentro de la raza humana, tiene que ver con las emociones. Y muchas de estas heridas son causadas por personas muy cercanas y en las cuales se les había depositado mucha confianza. Sabemos que los hijos son la extensión del carácter de los padres; y en muchas ocasiones las heridas que recibieron los padres, tienden a continuar en los hijos.

Cualquier abuso, ya sea verbal, físico, sexual o de otra índole, dejaran marcas en el área emocional de las personas. Y estas se convierten en puertas abiertas, donde espíritus incorrectos entraran a ejercer control de las vidas.

La estrategia del adversario, es que lo ignoren, su astucia es pasar desapercibido. Mientras pueda permanecer oculto, sin que se lo identifiquen, controlará más fácilmente las vidas. Pero al ser desenmascarado, pierde todo su poder.

“He aquí que yo les traeré sanidad y medicina; y los curaré, y les revelaré abundancia de paz y de verdad. (Jeremías 33:6). A través del profeta Isaías el Señor dijo: “¿Por qué querréis ser castigados aún? ¿Todavía os rebelaréis? Toda cabeza está enferma, y todo corazón doliente.” (Is. 1:5). El pueblo de Israel se caracterizo por ser demasiado obstinado, y por esto perseveraban en su pecado, y de esta manera se alejaban mas y mas de Dios. Pero el amor del Padre fue tan grande que entrego a su propio hijo para que recibiera el castigo que merecía su pueblo; y esto nos incluye a nosotros, los que hemos creído en Jesús. “Desde la planta del pie hasta la cabeza no hay en él cosa sana, sino herida, hinchazón y podrida llaga; no están curadas, ni vendadas, ni suavizadas con aceite.” (Isaías 1:6).

“Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos.” (Isaías 53:3). Toda la afrenta física y emocional que nosotros merecíamos, recayó sobre Jesús.

“Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.” (Isaías 53:4-5).
Siendo Dios se hizo hombre (Filipenses 2:5-8).
Siendo rico se hizo pobre (2 Corintios 8:9).
Siendo santo se hizo maldición (Gálatas 3:13).
Siendo justo se hizo pecado (Romanos 5:8).
Siendo sano llevó nuestras enfermedades y dolores (Isaías 53:4-5).
Siendo recto murió con los impíos (Isaías 53:9).
Siendo perfecto fue quebrantado por nosotros (Isaías 53:10).

Apreciado amigo, la medicina divina esta a su alcance; solamente debe extender la mano de la fe y aceptar a aquel que todo lo dio por su salvación: Jesús nuestro salvador.