ENERO 10 · LA MARCA REDENTORA

Aquellos que pasaban frente a la casa de Rahab veían un cordón rojo en la ventana y se preguntaban el porqué. Las respuestas posiblemente fueron muchas, pero solo Rahab y los dos espías conocían el significado exacto. Lo que esta mujer había hecho era el equivalente, en menor proporción, a una celebración de la pascua. Así como los israelitas habían tomado de la sangre del cordero y la habían aplicado en los dos postes y en el dintel de sus respectivas casas antes de salir de Egipto, al poner el cordón rojo en su ventana, Rahab estaba declarando que su redención era por el poder de la sangre. Así como Dios nos mira a través de la Sangre de Jesús, los dos espías habían dado la orden a todo el ejército de Israel que donde vieran el cordón rojo, no deberían tocar a ninguno de los que estaban en el interior de esa casa. 

Algo similar sucede en el reino espiritual. Todo aquel que haya aceptado a Jesús en su corazón y se haya lavado con Su Sangre, experimenta lo que dijo el Salmista: “Porque has puesto a Jehová, que es mi esperanza, al Altísimo por tu habitación, no te sobrevendrá mal, ni plaga tocará tu morada. Pues a sus ángeles mandará acerca de ti, que te guarden en todos tus caminos” (Salmos 91:9-11). 

Este cordón era además un testimonio ante el Padre de que todos como familia estaban bajo el pacto de la Sangre del Cordero, la cual se encarga de dar protección a todos los que estén bajo su cobertura.