19 DE MAYO · LA IMPORTANCIA DE LA GRATITUD

En cierta ocasión estábamos regresando de la convención en Perú y mientras esperábamos el equipaje en el aeropuerto, nos encontramos con una dama de nuestra iglesia que venía en el mismo vuelo. Ella se acercó para saludarnos y aprovechamos el momento para conocer un poco más acerca de su testimonio. Nos dijo: “Llegué a la iglesia cuando tenía 19 años, eso fue hace 14 años”. Esta mujer venía de un mundo muy difícil; provenía de un hogar disfuncional, donde sus padres se habían separado y esto la llevó a refugiarse en la droga.

Pero desde el momento en que llegó a la iglesia sintió el amor de Dios en su vida, el Señor la fue llevando en un proceso de transformación total, luego conoció a quién llegó a ser su esposo y hoy disfrutan un hermoso hogar, ella misma compartió diciendo: “Yo venía de la pobreza, de la escasez, de no tener ni siquiera para el transporte público, muchas veces yo venía a la reunión y tenía que irme caminando y llegar casi a la media noche a mi casa; pero no falté nunca a mis reuniones. Siempre fui fiel a todos los desafíos que la iglesia establecía y Dios comenzó a bendecirme, cambió mi mentalidad y me convertí en una empresaria. Hoy en día tengo negocios en diferentes naciones, estoy viajando por todo el mundo y he visto la bendición de Dios en toda mi familia”.

Estaba con su hija que tendría unos cinco o seis años, normalmente un niño a esa edad en un viaje es muy inquieto, pero esta niña todo el tiempo mostró un gozo y una gran alegría, fue tanto el impacto que le preguntamos: “¿Y siempre la pequeña ha sido así?” La mujer nos contestó: “Si, siempre todo el tiempo está feliz y llena de gozo”. En ese momento mi esposa le preguntó si era su única hija, esta mujer nos sorprendió testificando también acerca del milagro que Dios había hecho durante uno de sus embarazos: “Anteriormente estuve embarazada de otro bebé, cuando me hicieron la ecografía a los tres meses me dijeron que el bebé tenía un tumor desde la cerviz hasta la cadera, por lo que era difícil que sobreviviera. Me aconsejaron que me practicara un aborto, pero en ese momento me acordé de una de sus enseñanzas, pastor, que decía: ´El hombre de Dios es inmortal hasta que cumpla el propósito de Dios en esta tierra´”.

“A los siete meses me practiqué otro examen y tuve que enfrentar la noticia de que mi bebé había muerto”. Aquel día, en el aeropuerto, ella le dio gracias a Dios por los siete meses que permitió que el bebé estuviese en su vientre, con la plena certeza de que ese pequeño había cumplido su propósito, pues ella misma compartió que esa experiencia la había hecho mejor persona, la había llevado a madurar, a crecer en Dios y a fortalecerse más en la fe. Ella no permitió que saliera ni una sola palabra de queja de su labios, pues en su corazón sólo había gratitud por todo lo que Dios había hecho en ella.