16 DE AGOSTO · JESÚS, LA IMAGEN DEL DIOS INVISIBLE

El hombre que ha impactado el mundo entero a través de todos los siglos se llama Jesucristo. Aunque la sociedad haya tenido hombres a quienes llama grandes, ya sea por sus conquistas, sus hazañas, sus dotes políticas, por sus vidas religiosas o de ascetismo, o también por sus filosofías y doctrinas conocidas en el mundo, algunos como eximios moralistas, otros como grandes conquistadores, o excelentes estrategas políticos, militares o religiosos, sin embargo, ninguno se puede comparar con Jesús. Lo que Jesús hizo, ningún otro hombre podrá jamás igualarlo, pues sólo alguien que fuera igual a Dios, podría hacer lo que el Señor hizo.

El Apóstol no presenta un tema para controversia, sino una verdad indiscutible. “Dios fue manifestado en carne”, y el Señor mismo expresó: “Y aquel verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros” (Juan 1:14). Si Jesús es Dios, vale la pena conocerlo y darlo a conocer. “Porque el que me halle, hallará la vida, y alcanzará el favor de Jehová. Mas el que peca contra mí, defrauda su alma; todos los que me aborrecen aman la muerte” (Proverbios 8:35-36).

En su epístola a los colosenses, Pablo toma de la inspiración divina y, en un lenguaje sencillo, revela los atributos de la deidad en la persona de Jesucristo. Cristo es la imagen misma del Dios invisible, y existe desde antes que Dios comenzara la creación, es más, Cristo mismo es el creador de cuanto existe en los cielos y en la tierra, de lo visible y lo invisible. El mundo espiritual con sus correspondientes reyes y reinos, gobernantes y autoridades, fue creado por Él y para Él. Jesús confundió a Sus adversarios al decir que ciertamente antes de que Abraham fuese, Él ya era.

Los rabinos y maestros decían que si no tenía ni cincuenta años, ¿cómo podía él conocer a Abraham que había existido dos mil años atrás? Jesús es Dios. Él tomó un cuerpo humano para enseñar la gloria venidera a todos los hombres. El escritor a los Hebreos dijo: “Por lo cual, entrando en el mundo dice: Sacrificio y ofrenda no quisiste; mas me preparaste cuerpo” (Hebreos 10:5).

Podemos conocerlo como persona. Aunque estamos viviendo en una sociedad que pretende sacar a Dios de en medio y que ha dado una amplia publicidad a las ideas ateístas, materialistas, evolucionistas y paganas, el Espíritu Santo en el día de hoy, nos está conduciendo a una dimensión mucho más profunda en el conocimiento de Jesús. Podemos conocerle, no como una filosofía o una religión o un mito o una idea o una tradición, sino como una persona. Alguien que no está lejos de nosotros sino que se interesa y preocupa por las necesidades cotidianas y que, si se lo permitimos, nos muestra la senda correcta y nos da la estrategia para que salgamos victoriosos en todo.