ENERO 24 · LA IDENTIDAD CORRECTA

Jesús derramó la Sangre que brotó de su rostro cuando los soldados lo golpearon y le arrancaron la barba para restaurar todo aquello que dañó nuestra imagen.  Este fue el cuarto derramamiento que experimentó el Hijo de Dios.

Es importante entender que la palabra hebrea para Dios es “ELOHIM”, nombre que1está en plural. Esto nos deja ver que Dios es trino: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Al crear al hombre, los tres estaban trabajando en equipo: “Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza” (Génesis 1:26a). Con este verso podemos entender por qué somos la obra maestra de Dios, porque Dios plasmó su propia imagen y semejanza en nosotros. La imagen representa la parte externa y la semejanza la parte interna, esto significa que el hombre fue creado para reflejar la totalidad del carácter de Dios. 

Para redimir a toda la raza humana de la contaminación del pecado era necesario que viniera un segundo hombre, pero no podía provenir de la misma línea genealógica del primero, porque traería la imagen incorrecta. Es por eso que el segundo hombre vino del cielo, engendrado por el Espíritu Santo. Por Su muerte y Su resurrección, Jesús se convirtió en el segundo hombre que tiene un nuevo código genético sin mancha. Él abrió un camino nuevo para todos nosotros, un nuevo linaje, una sangre sin contaminación y la oportunidad de recuperar la imagen de Dios en nosotros. Permita que esa Sangre hoy restaure su imagen; que usted hoy se pueda ver como el Padre lo ve.