18 DE FEBRERO · LA GRACIA DEL PERDÓN

En la parábola de los dos, el Señor Jesús habla de un hombre que pidió a otro que le pagara lo que le debía. Como éste no tenía para pagarle le pidió un tiempo de espera para hacerlo. “Por lo cual el reino de los cielos es semejante a un rey que quiso hacer cuentas con sus siervos. Y comenzando a hacer cuentas, le fue presentado uno que le debía diez mil talentos. A éste, como no pudo pagar, ordenó su señor venderle, y a su mujer e hijos, y todo lo que tenía, para que se le pagase la deuda.” Esto está en Mateo 18:23-25.

La deuda que ese hombre tenía traducida a dinero actual era aproximadamente de seis millones de dólares, una deuda imposible de pagar. Por esta causa el amo de este hombre atendió a su súplica y decidió perdonarle la deuda. Pero luego, el mismo hombre que había recibido el perdón, se encontró con otro que tenía una pequeña deuda con él, y le pidió que se la pagara. Cuando aquel hombre le dijo que no tenía el dinero y le pidió tiempo para pagarla, el hombre se enojó y lo mandó a la cárcel.

Este hecho llegó a oídos del amo, quien le había perdonado la gran deuda y lo mandó llamar. El amo le preguntó por qué no había perdonado la deuda como le había sido perdonada a él, y luego le preguntó de cuánto era. Traducida a dinero actual era de diecisiete dólares. El amo se enojó y le dijo: “Si te perdoné una deuda tan grande, ¿cómo no pudiste perdonar una deuda tan pequeña? Con esta actitud que tomaste, tu deuda se activa”. El amo lo envió a la cárcel y lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda su deuda.

Muchas personas van a la iglesia a pedir perdón a Dios pero luego no pueden perdonar a su cónyuge, no entienden que el Señor perdona nuestras ofensas en la medida que nosotros perdonamos a quienes nos deben, es decir, el perdón que uno transmite es el mismo perdón que recibe. Recuerde lo que dice en la Palabra “Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido.” Esto está en Mateo 7.2.

Cuando usted se resiste a perdonar, todas sus transgresiones vuelven a florecer. Perdonar es olvidar, porque eso es lo que hizo Jesús con nuestros pecados. Cuando Dios transmite perdón olvida completamente, y el libro de los Salmos declara que así cuanto está lejos el oriente del occidente, así están lejos de él, nuestras rebeliones y nuestros pecados y nunca más se acordará de ellos.

Al transmitir el perdón hágalo con fe, sin temor a que le fallen nuevamente, y crea que esa persona recibió su perdón.