20 DE OCTUBRE · LA GRACIA DEL PERDÓN

El Sermón de la Montaña fue el que dio inicio al ministerio de Jesús; este mensaje concentra los más grandes principios de la vida cristiana, como lo es el perdón. La mejor medicina para el ser humano es el perdón. Rompe las cadenas más fuertes. Abre las puertas más seguras. Derriba las murallas más gruesas. Remueve los odios mas feroces. Sana los corazones más heridos.

Levanta a aquellos que están caídos y trae luz de esperanza a aquellos que quedaron enceguecidos por el odio. No hay nada que se compare con el perdón, y la mejor manera de representarlo es a través de la Cruz de Jesús nuestro redentor. Después que fuimos víctimas del atentado, me era muy difícil mantener el mismo ánimo en la oración, pues me sentía intranquilo. Le dije al Señor en oración: “Dios, ayúdame, quiero sentirme como antes, hazme libre de toda incertidumbre”. En ese momento oí la voz del Señor que me dijo: “¿Has podido perdonar a los que quisieron quitarte la vida?” Antes de esa palabra mi oración era: “Dios, hazme justicia de mi adversario”. Deseaba que Dios desatara Su juicio sobre aquellas personas, pero el Señor me dijo: “¿Puedes perdonarlos?” En ese momento le dije: “Señor, hoy perdono a aquellas personas que quisieron quitarme la vida; perdono a los autores intelectuales y materiales, y los bendigo en el Nombre de Jesús. Que esto que nos hicieron sea el medio que tú uses para que te conozcan”. Después de haber pronunciado dicha oración, inmediatamente sentí como el poder de Dios vino a mi vida y sentí nuevamente Su presencia.

Luego el Señor me dijo: “Todo el tiempo que el resentimiento esté en el corazón de una persona, estará detenida en el pasado”. Es como si hiciera una pausa en su vida, mas cuando se transmite un perdón genuino, la pausa es quitada. Tanto Jesús como el Espíritu Santo y el Padre Celestial participaron en la redención de la humanidad, cada uno hizo Su parte. Si Jesús no hubiese tenido el apoyo del Espíritu Santo habría sido imposible que la redención se llevara a cabo; fue el Espíritu eterno de Dios el que llenó a Jesús con Su santa presencia y le dio las fuerzas para que pudiese llegar hasta la cruz y ofrendar allí Su vida y Su sangre a Dios, como si fuese un altar; todo lo hizo por el profundo amor que Él tiene por cada uno de nosotros.

En una conversación con Pedro, Jesús nos enseña que el perdón es algo que debemos practicar constantemente. “Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete.” (Mateo 18:21-22). Así como a diario somos perdonados perdonados por Dios, de la misma manera debemos perdonar a quienes nos han ofendido.