16 DE OCTUBRE · LA GENUINA PATERNIDAD

La más alta aspiración que un hombre puede anhelar, es la de ser padre. En la antigüedad Dios llamó a Abram, que significa padre enaltecido, para que le sirviera. Dios lo escogió y entró en pacto con él y con su descendencia para siempre, sin embargo para ver esta promesa hecha realidad, Dios le cambió su nombre por Abraham: Padre de multitudes. Lo más cercano al corazón de Dios, es el corazón de un padre, lamentablemente, en los días actuales, el concepto de padre ha sido muy distorsionado.

El Dr. Derek Prince, en una ocasión escuchó a alguien expresar el significado de padre: “Padre es un ejecutivo, el cual carga un portafolio en sus manos y siempre está lejos de su casa”. Al escuchar estas palabras él dijo: “Dios mío, yo no quiero ser esa clase de padre”. La meta que el Señor estableció para cada hombre; fue la de la paternidad. Él pudo haber dicho: sé un buen trabajador, sé hábil en los negocios, se un excelente deportista o se un excelente comunicador. Aunque todo esto es importante; no obstante el Señor pone en primer lugar; la paternidad; y para alcanzarlo, el hombre debe tener el mismo corazón compasivo que el Padre celestial posee. Mas sabemos que la crisis en la actualidad, es una crisis de paternidad, porque el hombre carece de una conciencia clara de la responsabilidad que implica tener hijos. El apóstol Pablo dijo: “… de quién toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra” (Efesios 3:15).

En el original dice: De quién toma nombre toda paternidad en los cielos y en la tierra. Al hablar de familia estamos hablando de paternidad. Dios, le concedió al hombre la capacidad de ser padre, le confió Su autoridad. La autoridad delegada consiste en que Dios, siendo Padre de todos, nos confió ésta responsabilidad a los seres humanos, delegándonos Su autoridad en esta área. Dios dijo, no voy a ser yo el Padre directamente, lo seré a través de los mismos hombres. Él pudo haber sido el padre de mis hijos, pero me confió esa responsabilidad, dándome cuatro preciosas mujeres y un hermoso varón. Lo más importante es comprender, que Dios me los confió para que actúe con ellos como Él mismo lo haría. Con responsabilidad, cariño, afecto, expresando amor y aprobación, proveyendo para sus necesidades no sólo materiales, sino emocionales y sobre todo, enseñándoles acerca de la vida espiritual y la fe en Dios.

El día que el Padre Celestial me llame a pedirme cuentas acerca de mi vida en esta tierra, lo primero que me preguntará será: ¿Qué hiciste con el talento de padre que te confié? Él evaluara la parte física, emocional y espiritual de cada uno de mis hijos; y esto determinara si somos aceptos delante de él. Al entender que Dios me había delegado Su autoridad para que yo lo representara como Padre, me aboqué a la tarea de sembrar en mis hijos semillas de esperanza, amor, respeto, fe y carácter.