12 DE JUNIO · LA FE SIEMPRE TRIUNFA

“Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba” (Hebreos 11:8).

Abraham es conocido como el padre de la fe, lo cual lo caracterizó en todo lo que hizo; Dios le había dicho que saliera de su tierra y su parentela a la tierra que le mostraría, y Abraham obedeció sin saber a dónde iba. Esa forma de actuar es muy diferente a la forma de pensar de hoy, cuando las personas sólo se mueven si tienen un plan estratégico que las guíe.

Abraham aprendió a escuchar a Dios y a moverse en Su tiempo, dando pasos a medida que Él los revelaba, eso habla de su obediencia y entrega. Dios siempre nos pide aquello que más amamos, por eso debemos morir a diario. Dios pidió a Abraham que le diera su nación, su bandera, su familia y él obedeció sin discutir con Él, por eso le prometió que su descendencia sería tan numerosa como las estrellas del cielo y la arena del mar. Luego, cuando Abraham fue padre y volcó su corazón a Isaac, Dios le pidió su hijo. Sin embargo, tampoco en esa oportunidad discutió con Dios sino que mostró obediencia inmediata.

Dios siempre nos pide lo que más amamos, lo que más nos duele entregar; si no doliera, el Señor no lo pediría. Debemos ser obedientes. Morir a lo que más nos cuesta entregar es dar la mejor ofrenda, es lo que agrada a Dios. “Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame” (Mateo 16:24). La ofrenda que agrada a Dios es como el grano de semilla que cae en tierra y muere para dar fruto en abundancia.

La batalla más fuerte que libran los cristianos es la de mantenerse en el nivel de fe. Dios es Espíritu, y la única manera de poder relacionarnos con Él es a través de la fe que proviene por Su Palabra. “Por la fe también la misma Sara, siendo estéril, recibió fuerza para concebir; y dio a luz aun fuera del tiempo de la edad, porque creyó que era fiel quien lo había prometido. Por lo cual también, de uno, y ése ya casi muerto, salieron como las estrellas del cielo en multitud, y como la arena innumerable que está a la orilla del mar” (Hebreos 11:11-12).

Dios siempre incluye a las mujeres en Su propósito. Por la fe, Sara recibió fuerzas para concebir; pues a los noventa años de edad, eso era imposible. No había esperanzas de que tuviera un hijo. Pero a causa de su fe, el Señor le dio fuerzas para concebir el hijo de la promesa.

Dios no pide cualquier sacrificio, sino el mejor. Que su entrega sea completa. Ríndase como nunca antes, entréguele hasta el más intimo pensamiento, ofréndele la totalidad de su vida. Renuncie hoy a sus planes, a sus deseos, y a sus proyectos, para hacer sólo la voluntad de Dios.