FEBRERO 14 · LA EFICACIA DE LA EVANGELIZACIÓN

Jesús mostró a los creyentes, la manera eficaz de evangelizar, y podemos tomar como ejemplo Su experiencia con la mujer Samaritana (Juan 4:1-42).

En aquella época las riñas y los resentimientos que existían entre judíos y samaritanos eran muy fuertes.  Los judíos veían a los samaritanos como impuros, por la mezcla que éstos habían tenido con los babilónicos, y por ello, no transitaban por sus ciudades, ni les daban el saludo.  Más el Señor Jesucristo decidió hacer lo que ningún otro judío se había atrevido: Atravesar la ciudad de Samaria; enseñándonos que el Él no tenía prejuicio de acercarse a alguien a quien el resto del pueblo veía con malos ojos; y eso lo demostró cuando dejó Su trono de gloria, para tomar forma humana, venir a este mundo, y ponerse al mismo nivel del ser humano; lo hizo por amor a aquellos que ya no tenían esperanza. 

La primera impresión que alguien pueda tener de alguna persona determinará si ésta se abrirá al diálogo o no; por lo general, es cuestión de segundos. Los judíos creían que eran superiores a los samaritanos, sin embargo, Jesús, en un acto de humildad, le dijo a esa mujer: “Dame de beber”.  Para ella fue una gran sorpresa, pues cualquier samaritano sabía el concepto que los judíos tenían de ellos, e inquietada respondió: “… ¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? 

La samaritana pensó que Jesús tenía sed de agua, más la sed de Jesús era sed por salvar vidas.  Lo que Él le estaba diciendo en este diálogo es: “Si puedes creer en mí, se disipará toda mi sed; si tú me das de tu agua, yo te daré la mía; si tú me entregas tu vida, yo te entrego la mía”.  Él dijo:” El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él” (Juan 7:38,39a), y a la samaritana: “…sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna” (Juan 4:14b).