ENERO 3 · LA DECISIÓN CORRECTA

Abel se inclinó por ser pastor, mientras que Caín prefirió labrar la tierra. La ofrenda que ellos presentaron al Señor definió el destino eterno de cada uno de ellos. Lo que Abel hizo se convirtió en un prototipo del carácter de Jesús. El trabajo que escogió lo llevó a tener un corazón compasivo; se esforzó en brindar amor, protección y cuidado a cada oveja del rebaño. Jesús mismo dijo: “Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas” (Juan 10:11).

Abel dio la ofrenda correcta. Solo el Espíritu de Dios pudo haberle revelado cuál debía ser la ofrenda que agradaría a Dios. Hizo una ofrenda de sacrificio. Fue como si el Señor le hubiera revelado que sin derramamiento de sangre no hay remisión o perdón de pecados. Esa oveja que Abel ofrendó a Dios, representaba su misma vida, como si estuviera diciendo a Dios: “Señor, merezco la muerte, pero acepta esta ofrenda y recibe la sangre de este animal como mi propia sangre derramada en Tu altar”. Esto conmovió el corazón de Dios ya que, tiempo después, Él mismo ofrendaría a su único Hijo como la oveja gorda, cuya sangre vertida sobre el altar, redimiría a la humanidad.

La ofrenda de Abel, tenia el sello de la excelencia, la cual le dio el tiquete para trascender en la historia como uno de los mayores ejemplos de cómo debe ser la ofrenda que agrada a Dios.