10 DE JULIO · LA CRUZ NOS HIZO VENCEDORES

Cuando un general romano obtenía una victoria el Senado se reunía y aprobaba como ley el honrar a ese general por el triunfo, se le asignaba una carroza halada por un caballo blanco, el general iba en ella y el pueblo salía a aplaudirle. Todos proclamaban vítores y ovaciones a ese hombre por el triunfo obtenido; detrás del general iban encadenados aquellos que él había logrado tomar cautivos, todos andando detrás de la carroza, también estaban los animales que había cazado, quizás ese general había logrado atrapar alguna bestia salvaje que exhibía ante el pueblo porque era señal de su triunfo.

El apóstol Pablo tomó este ejemplo aplicándolo a nuestras vidas con relación a lo que Cristo hizo por nosotros, en Colosenses 2:14-15 escribió “Anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz, y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz”. La sangre de Jesús quitó de nosotros esa lista interminable de pecados que el adversario tenía recopilada por mucho tiempo en nuestra contra para que el peso de la justicia divina cayese sobre nosotros, cada argumento que nos ataba fue destruido y al mismo tiempo encadenó los poderes demoniacos que el adversario había asignado contra nosotros.

Todo aquel que reciba la revelación de lo que Jesús hizo por nosotros en la Cruz, podrá entrar en otra dimensión, pues lo poderoso de la obra de la Cruz es que jamás pierde vigencia, pues aunque Jesús murió dos mil años atrás, es como si el tiempo no hubiese pasado y hoy se derramara Su Sangre. Esto es afirmado en Hebreos 10.14 donde dice: “Porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados”. La muerte de Jesús en la cruz fue la ofrenda que Dios Padre hizo para que los que creen en el Hijo alcancen la perfección a través de Su redención en cualquier momento de sus vidas.

Recuerde que la obra de la Cruz quedó registrada para siempre en el plano espiritual y que sólo a través de la fe podemos alcanzarla, apropiarnos de Su obra en el Calvario es aceptar el intercambio divino, donde Dios toma toda nuestra maldición y a cambio nos da Su completa bendición; toma toda nuestra iniquidad y a cambio nos da Su salvación, toma nuestra enfermedad y a cambio nos da Su sanidad. Toma nuestra pobreza y a cambio nos da de Su abundancia; toma nuestros corazones rotos y a cambio nos da Su Espíritu Santo trayendo la llenura y plenitud que solo proviene de Él.