30 DE AGOSTO · LA BENDICIÓN DEL NUEVO NACIMIENTO

Quien ha nacido de nuevo, aunque vive en un cuerpo humano, su naturaleza es espiritual; los hombres de La Biblia que tocaron el corazón de Dios fueron aquellos que pudieron ver cosas que la mente natural no logró percibir. Abel vio la redención y la representó a través de su ofrenda, y esto lo inmortalizó. Cuando Dios le pidió una ofrenda, no lo tomó por sorpresa, porque ya estaba listo pues durante toda su vida había preparado la mejor ofrenda para el Señor. Lo mejor del rebaño lo ofrendó en holocausto para Dios; esto era una alegoría, pues Dios un día ofrendaría en sacrificio a Su único Hijo para redención de la humanidad.

Abraham pudo ver sus futuras generaciones a través de las visiones y de los sueños. Dios le había dicho que su descendencia sería tan numerosa como las estrellas del cielo que de multitud no se podrían contar, y aunque no tenía hijo y eran juntamente con Sara su mujer de edad avanzada, tomaron la palabra de Dios y se determinaron a mantenerse en la dimensión espiritual. Mientras contemplaban las estrellas, ellos podían ver a sus descendientes reproducidos en varias generaciones (Génesis 15:1-6). Isaac pudo ver la abundante cosecha de su tierra y ésta dio fruto al ciento por uno. Jacob, quien había librado muchos conflictos con Labán su suegro, logró cambiar el aspecto de las cosas mediante la visualización, a través de las varas de álamo, avellano y castaño que son un prototipo de la Cruz de Cristo; esto le ayudó en la visualización para que las ovejas concibieran lo que él quería. (Génesis 30:37-43).

José pudo convertirse en el proveedor de su familia y en el gran líder de Egipto gracias a que, siendo muy joven, Dios le reveló su futuro a través de sueños. El Apóstol Pablo dijo: ‘Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman” (1 Corintios 2:9,10). Lo que Dios tiene en el mundo espiritual no se percibe con el ojo humano, por esto dice “cosas que ojo no vio”. Dios no escucha como el oído humano, “ni oído oyó”; tampoco se percibe con el entendimiento humano.

La mente del hombre no puede entender lo que Dios ha preparado, sólo se puede percibir a través de la fe, a través del Espíritu. Nuestra fe tiene ojos espirituales, ellos ven lo que sucede en el plano espiritual, pueden percibir las bendiciones que Dios tiene para nosotros, ella nos hace saber que Dios nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo Jesús.

Todas las cosas son posibles para el que cree (Marcos 9:23), esto es una llave poderosa pues todas nuestras posibilidades están en la dimensión de la fe y, por el contrario, todas nuestras imposibilidades están en la dimensión de la carne.