26 DE AGOSTO · LA BENDICIÓN DE DIOS EN EL HOGAR

Ayer vimos el amor que tiene Dios por ver que la familia viva unida y sea estable. Cuando un matrimonio está comenzando, son muchas las cosas que tienen por conquistar. Es el tiempo en que se requiere guardar la privacidad del matrimonio, sin permitir comentarios negativos de terceras personas. La pareja debe trabajar por darle su propia personalidad al matrimonio. “Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra” (Génesis 1:28).

La bendición viene en plenitud, no cuando las personas están solteras, sino cuando éstas se casan. Dios bendijo a la pareja y ambos recibieron el mismo grado de responsabilidades. Si la pareja podía mantenerse en plena armonía, estas tres bendiciones permanecerían sobre ellos:

Fructificación. El fruto es lo que determina la clase de árbol de que se trata. La vida de la primera pareja era de inocencia y pureza; por lo cual el fruto debería ser la santificación.

Multiplicación. Conforme es en lo natural, también es en lo espiritual.

Señorío. La vida de santidad debe llevar a la multiplicación, y ésta a la autoridad. Una pareja unida en armonía y en la dirección de la Palabra de Dios es tan poderosa como la fuerza de un ejército bien organizado.

El ejemplo de la pareja será lo que determinará si los hijos servirán al Señor (recuerde que los hijos están más pendientes de sus actos que de sus palabras); para que esto se logre, debe haber fidelidad de ambas partes al pacto que una vez se proclamó ante el altar. “Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama” (Efesios 5:28).

La comisión que el Señor dio a cada hombre fue muy alta: amar a la mujer con el mismo nivel de amor que lo hizo Jesús con Su Iglesia, ofreciéndose a Sí mismo en sacrificio por la redención de ella. Es fundamental que el amor conyugal se alimente a diario con palabras, actitudes y pequeños detalles. Debe lucharse por la protección de cada uno de los miembros de la familia para evitar cualquier herida emocional.

Debe haber un compromiso firme de la pareja de no permitir que la llama del amor romántico disminuya o se apague. Tenga la plena convención que Dios no se equivocó y que usted se casó con la persona ideal. Pídale a Dios que transforme sus aguas de angustia, dolor y aún distanciamiento en un nuevo vino de alegría y comprensión. El Padre Celestial puede volver a encender la llama del amor romántico trayendo gozo a su hogar para que juntos levanten una generación para Dios.