SEPTIEMBRE 18 · LA BENDICIÓN DE UN ENCUENTRO

Tener un encuentro personal con Jesucristo es la experiencia más maravillosa que puedes alcanzar.  Solo a través de la obra del Señor en la cruz del calvario es que podemos relacionarnos con Dios y entender los beneficios obtenidos por medio de su obra redentora. 

Jacob conocía a Dios, amaba a Dios, pero permitió pequeñas indiscreciones en su vida. 

Con el tiempo, Jacob se convirtió en un hombre de casa, mientras que Esaú se convirtió en un hombre de caza, fuerte.  Un día llegó Esaú del campo, cansado y hambriento y Jacob buscó el provecho que podía sacar de la situación y le compró la primogenitura por un plato de lentejas. 

Esaú es llamado el profano porque subestimó la primogenitura (muchos venden lo que Dios les ha dado por un plato de lentejas). Cuando llegó el momento de la bendición, Jacob suplantó a Esaú y recibió la bendición de la primogenitura. Muchos tienen en poco la salvación y Esaú procuró con lágrimas la bendición y no la halló. Aquel día Esaú aborreció a Jacob y prometió matarle. 

Sin embargo, al oír las intenciones de su hermano, Jacob tuvo que huir y fue donde su tío Labán. En el camino tuvo un sueño e hizo pacto con Dios, porque Dios estaba con él a pesar de sus errores. Es importante que no abusemos de la misericordia divina. Dios nos cuida, pero solo se revelará a nosotros cuando realmente nos entreguemos por completo a Él. 

Finalmente llegó el momento del quebranto.  El momento de aflicción, cuando se vio acorralado por el ejército por su hermano, solo entonces reconoció que su única salida era la oración, allí es cuando luchó con el ángel toda la noche y no soltó al ángel hasta que le bendijo.

El quebrantamiento es doblegar nuestro yo, nuestra autosuficiencia y orgullo, es sentir que morimos a nosotros mismos; quien no haya pasado por el quebrantamiento, no puede experimentar la vida cristiana abundante.  

Producto de esta experiencia, el Señor cambió su nombre de Jacob a Israel, porque había luchado contra Dios y contra los hombres y había vencido. 

Sabemos que estamos en los últimos tiempos y es necesario que como cristianos nos volvamos al Señor con un corazón quebrantado y arrepentido.