30 DE JUNIO · LA BENDICIÓN DE OBEDECER A DIOS

“Bienaventurado el hombre que teme a Jehová, y en sus mandamientos se deleita en gran manera. Su descendencia será poderosa en la tierra; la generación de los rectos será bendita”. (Salmos 112:1-2).

La palabra bienaventurado, significa extrema dicha. La Biblia contiene los parámetros para alcanzar el éxito y la felicidad en todas las áreas de nuestra vida. Claramente se habla de prosperidad para todos los que temen a Dios y para su descendencia. El que teme a Dios, se deleita en Sus mandamientos, es decir, se goza cumpliendo las normas establecidas por el Señor. A través de las Sagradas Escrituras, Dios da normas de comportamiento que se deben obedecer para lograr Sus bendiciones. El hombre que se deleita cumpliendo los designios de Dios será bienaventurado, logrando también que su descendencia sea poderosa en la tierra. Notemos que el texto es claro cuando dice: “En la tierra”, no dice: “En el cielo”, porque allá todo ya está asegurado.

“Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos; para que también los que no creen a la palabra, sean ganados sin palabra por la conducta de sus esposas” (1 Pedro 3:1).

Muchos hombres se amparan en este texto para exigir que sus compañeras estén sometidas a ellos; incluso, anhelan que la mujer les diga “mi señor”, como Abraham era tratado por Sara. Sin embargo, Abraham se ganó el derecho a ser tratado por su esposa Sara como “mi señor” porque llevaba una vida de integridad, amor y de ejemplo.

“Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo” (1 Pedro 3:7).

La Biblia orienta al hombre, incluso, en el aspecto romántico; por ejemplo, Salomón se dirige a la sunamita, aunque se trata de una alegoría de la relación de Cristo con Su Iglesia, diciendo: “He aquí que tú eres hermosa, amiga mía; he aquí eres bella; tus ojos son como palomas… una es la paloma mía, la perfecta mía…” (Cantares 1:15 y 6:9). Toda mujer se sentiría halagada con frases como éstas; precisamente, la Biblia brinda la pauta para hacerlo. Delante de Dios, el hombre tiene un compromiso ineludible, el de tratar a su mujer como un vaso frágil con toda delicadeza, con amor y ternura.

Entre otros textos de suma importancia, destacamos esta porción bíblica: “Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo. Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra. Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor” (Efesios 6:1-4).

En una oportunidad, hablaba acerca de éste tema e hice referencia a aquellos padres que tienden a usar los pellizcos y los maltratos, con su hijos. Recuerdo que un niño de unos cuatro años miró a su mamá y la señaló, como indicando que era lo que ella hacía y la mujer no sabia como disimular.